La Ermita del Santo patrimonio de todos los valverdeños.

Algo de la  Historia de un sueño que se hizo realidad.

La Arquitectura

Dos normas han guiado nuestras intenciones. La primera, relativo a Ia estructura exterior. La segunda, con vistas a crear un espacio interior de rezo y liturgia.
El primer problema era de adecuación, de que la obra encajase en nuestro paisaje del cabezo del Santo. Fue resuelto, con un acierto total, por los arquitectos D. Alberto BaIboltin y D. Antonio Delgado Roig.

Nuestra Ermita es ejemplar espléndido de la arquitectura barroca sevillana, inspirada en los Arquitectos del siglo XVII y concretamente en el maestro Diego Antonio Díaz (1.680- 1.748) autor, entre otras obras, de la Capilla del Silencio, en Sevilla, de la Parroquia de Umbrete.

La planta es rectangular, de cruz latina, con crucero poco profundo, cubierto de cúpula y capillitas laterales que soportan tribunas. Tras el altar mayor, camarín en planta alta, cripta en la baja y lateralmente sacristía, sala de juntas y almacén. El logro ha sido de una justeza y equilibrio admirables. Se ha conseguido una divina proporción en todas las dimensiones y en algunos elementos, como el decorado externo de la cúpula, efectos de acusada personalidad. El segundo problema, atinente a la decoración interior, lo hemos resuelto con un propósito claro: adaptarnos sin romper la bellísima armonía arquitectónica, a nuestro tiempo, incluso con audaces adelantamientos en una modernidad que muchos calificarán ahora de excesiva.

Este propósito ha sido cumplido conjugando dos reglas fundamentales: simplicidad y autenticidad.

Simplicidad, esto es, intentar los mejores resultados estéticos con la mínima cantidad de elementos.

Autenticidad, es decir, organización de los materiales para que ofrezcan su función esencial, pristina y verdadera

En resumen: Si la Ermita exteriormente es espejo de nuestro paisaje valverdeño y ha contribuido a ennoblecerlo, en lo interior, es reflejo de la situación espiritual de nuestra Hermandad transida de inquietudes, y deseosa de vivir acordada exactamente a su tiempo.

El Altar

El Altar es la pieza fundamental, la más noble y esencial de una Iglesia.

La Teología enseña:
-que Dios viene a nosotros por el Altar, porque en el Altar se realiza el misterio de la Eucaristía. La Misa es el sacrificio del Altar. Que nosotros vamos a Dios por el Altar, en cuanto que en el ofrecemos el sacrificio perfecto de nuestra reconciliación: Cristo
Por ello, el Altar simboliza al mismo Cristo. Idea que aparece con más claridad y propiedad en eI Altar de piedra, según la expresión paulina: Cristo es nuestra piedra, o sea, el fundamento de nuestro edificio espiritual.
Y como todo cristiano está unido místicamente a Cristo, formando un solo cuerpo, del que Cristo es la cabeza, el Altar simboliza asimismo el Cuerpo Místico de Cristo, en cuyo pulso late una perpetua alegría de juventud.

El altar que hemos colocada en nuestra Ermita es fijo, de una sola y magnifica pieza de piedra, color hueso, extraído para este objeto de las canteras existentes en Gilena, provincia de Sevilla. Mide 2,31 m. de largo, 93 cm. de ancho y 98 cm. De alto, Pesa 8000 kilos. Su volumen ajustado y exacto, ha ennoblecida el espacia principal de nuestra iglesia.

Construyéndolo totalmente de piedra cumplimos, sin duda, con el ideal deseado par la Iglesia, de acuerdo con sus orígenes mas preclaros, pues a partir de la paz de Constantino (a. 313), se abandonaron totalmente los materiales ligeros y perecederos en el Altar -propios de tiempos de persecución y catacumbas; se fija de modo estable al suelo, se asocia al culto de los mártires y se le rodea de tal respeto, que no se admite sobre EI otra cosa que la materia del Sacrificio y el Misal. “Es un altar limpio: piedra de sacrificio, mesa del banquete eucarístico”.
Posteriormente, desde el siglo IX, el Altar se desplaza del centro de La Iglesia hacia un testero o Fondo, va llenándose de cosas -reliquias, candeleros hasta terminar, en el siglo XIV, por convertirse en el pedestal de inmensos y ricos retablos, con una inversión absoluta de valores, pues lo accesorio priva sobre lo esencial.
Nuestro Altar dispuesto en el centro de1 presbiterio, exento de los muros, con el fin de permitir la Misa de cara al pueblo, -deseo también de la Iglesia, en beneficio de la atención de los fieles al Sagrado Misterio- quedará limpio y desnudo de objetos inútiles, con la sola y augusta dignidad de su rica materia.

El frontal esta enriquecido con un estupendo mosaico, ejecutado por uno de los mejores artistas españoles en la materia: Javier Clavo.

Javier Clavo
Petunia Clavo, hija de Javier, ante su obra en Avilés


Hoy se ha vuelto, como decoración arquitectónica, al gusto por el mosaico,que llenó en otros tiempos – Bizancio, Rávena, Venecia- periodos completos de Ia historia del Arte,
Pero hay quien concibe el mosaico como la misma pintura vulgar, como una colocación mecánica de tecella , con un criterio de ligero decorativismo que se impone como meta el cubrir con oro o piedras coloreadas un trozo de superficie mural.
No se intenta -o no se sabe- sacarle a esta minuciosa colocación de partículas pétreas toda la emoción estética que encierra una autentica pintura. Ese mosaico superficial resulta simple calcomanía.
Pero, hay otro modo de hacer mosaicos: es pintar con estas piedrecitas. Obtener no elementales efectos de perspectiva, sino profundidad, matices, vibración, palpito, diríjase, de vida desde lo mas intimo de aquella ordenación de una materia inerte, lanza e irradia un mensaje al espíritu, tal los mosaicos de Clavo.

Si algún día, pasáis por Aviles, acercaos al poblado de ENSIDEA. En su iglesia, Clavo ha realizado unos fabulosos paneles demosaicos. Ante un San Juan Bautista -lancinante como una llama, ante un Corazón de Jesús, -que ha roto con la estereotipia de los cromos al uso- temblaréis, deseguro, de emoción.

Y en Madrid, en la Iglesia de Santa Rita, calle de Gaztambide, (esquina Cea Bermúdez) entrad unos minutos. Veréis cómo las estaciones de un Vía Crucis -portentosos ocres, negros, dorados- os conmueven hacia la medula más intima de vuestra alma.

El mosaico de nuestro Altar -regalado su trabajo por el artista- representa dos pavos reales comiendo en una cratera, con una esplendorosa exhibición cromática, en un fondo de pámpanos y racimos. Es maravilloso.
Desde los primeros tiempos del Cristianismo fue acogido el pavo como símbolo de la inmortalidad. El fasto multicolor de sus alas desplegadas, encierra una belleza perenne e imperecedera.
Rehundido en la noble piedra del Altar lo enmarcan las inscripciones: ESURlENTlBUS IMPLEVIT BONIS. Esto es, a los hambrientos de inmortalidad los saciaste con tu Eucaristía -pan de inmortalidad, carne divina, que cantara nuestro trágico Unamuno– que tiene su centro en el Altar.

En la parte posterior está grabada esta otra inscripción: DONAVlT DIDACUS ROMERO PÉREZ NOTARIUS. Nuestro Mayordomo ha regalado el Altar, con el producto de su libro “UN PUEBLO COLONIZADOR”.

El Pedestal

por Juan Abascal Fuentes (su autor)

En el tiempo penitencial de la Santa Cuaresma, del pasado año 1960, nuestro amigo, el Notario D. Diego Romero, nos hizo un encargo, que, si no por su importancia económica, si por su trascendencia espiritual, tenia gran interés para el artista, Se trataba de decorar el pedestal, que en la ermita de Valverde había de lucir sobre si, la imagen del Nazareno.
Al cabo de un año, Io que entonces fue solo una idea, un deseo y un afan se ha hecho tangible realidad.No somos nosotros los llamados a juzgar la obra, pero estimando que una somera explicación del simbolismo que en la misma quedo plasmado ayudara, con su mejor comprensión a valorarla, y a petición de la Dirección de la Revista, daremos una ligera explicación sobre su significado.
El pedestal, en sus líneas generales, se ha inspirado en la severidad de los primitivas sepulcros paleo-cristianos, adaptándola en su simplicidad al carácter de la arquitectura moderna y andaluza en que se concibió el conjunto de la ermita.

Bajo, ocho arcos de medio punto, sostenidos por sus correspondientes columnas adosadas van ocho medallones simbólicos en los que hemos pretendido expresar el dominio del Pecado sobre la Humanidad el Triunfo de Cristo sobre el Pecado; el Mal, el Pecado esta simbolizado siempre por el pequeño Dragón o Reptil que, en forma circular encierra y rodea al Hombre con alguna de las Siete Pasiones o Concupiscencia de Soberbia, Avaricia, Lujuria, Ira, Gula, Envidia Pereza, y dentro del circulo infernal se representa el Hombre Pecador o el Propio Pecado del Hombre: La corona de Rey simboliza la soberbia, el ansia de poder, Cristo, como hombre, carga con el Pecado sobre si y lo espía a satisfacción del Padre; la Corona de Espinas de Cristo acompaña por tanto la Corona de soberbia del Hombre. -La avaricia se representó tradicionalmente Entre los cristianos, como lo hacemos, con un insecto repugnante, la Araña, que atrapando en sus victimas, sin aniquilarlas de golpe las inmoviliza y va poco a poco nutriéndose de su propia vida hasta secarlas por completo. Su contrapartida en Cristo, Ia Generosidad suprema de su Sacrificio, y expresión de esta generosidad (en parangón con la tela de la araña) es el paño de la Verónica, en que Cristo, sin nada que ofrecer a la mujer en recompensa de su acto piadoso le hace el esplendido regalo de su propio semblante.
La Lujuria la simbolizamos en el conejo (por ser este animal a veces incluso asesino de sus hijos por no perder el celo de la pareja). La túnica de Jesús corno fondo simboliza la suprema Pureza. En la lra el aullido de la Bestia, y el símbolo de Paciencia y Mansedumbre de la Pasión de Cristo. El de Ia Gula es claro y expresivo, y la Envidia representad por Ia mascara de anciana con las serpientes y la Caridad de Cristo con la Pasión, así como bastante claro la imagen del caracol es símbolo de la pereza espiritual y los clavos de Cristo dice que por lentos que seamos, Cristo clavado en la Cruz espera siempre nuestra llegada.
Con todo ello hemos ido desarrollando la idea de que la Humanidad vivía dominada, presa del Pecado, y Cristo en su Pasión realiza la Expiación Perfecta, para lo que “TOMO SOBRE SI LOS PECADOS DEL MUNDO”.
El Medallón del Frente principal aparece con el reptil desarticulado, echo pedazos ,roto el circulo infernal sobre esas trozos el Anagrama de Cristo Aparece Triunfante. A la máxima humillación la máxima gloria “CRISTO VENCE; CRISTO REINA: CRISTO IMPERA”.

El pedestal ha sido un espléndido donativo de nuestra Hermana Doña Manuela Mora Pérez, en memoria de su marido D. Manuel Hidalgo Domínguez (q.e.p.d.) secretario durante muchos año de nuestra Hermandad.

Abascal tiene parte de su obra representada en el Parque de María Luisa de Sevilla.

ANECDOTARIO

Me piden que en dos cuartillas sintetice algunas anécdotas relacionadas con la construcción de nuestra Ermita. Y son tantas las que podríamos contar que no se, francamente, cuales de ellas cuadraría mejor con !a seriedad de nuestra revista y con el deseo del peticionario. Pero, en fin, allá van dos de ellas.
EL POZO.- Comenzó la obra de la ermita subiendo allá el agua, en caballerías. Diego Romero, con su eterna inquietud, estaba viendo el gasto enorme por ese concepto, por Io que poco después nos reunió para proponernos la construcción de un pozo en todo lo alto del Cabezo del Santo, al lado de las obras. La Junta de Gobierno estudio el asunto y aunque algunos opinaban que aquello era una locura (a nosotros nos han tenido por locos muchas veces) se acordó construir el pozo.Apenas habían comenzado a trabajar los poceros” cuando pasó por allí un vecino de la calle san Sebastián, Fernando Vizcaíno Moro “El Cerreño” ( q.e.p.d.) que había trabajado en las minas, el cual pregunto que iban a hacer allí. Y al contestarle aquellos que un pozo, el hombre arreó el burrillo que llevaba por delante y con una sonrisa burlona, muy valverdeña, se limito a sentenciar “ pues ese pozo calculo yo que dará agua como pa pegar un sello” .

PROBLEMAS.- Un día, siendo el que escribe esto Hermano Mayor, se me presento Manolito Asuero con uno de los muchísimos discos que el pobre tenia que resolver: “Si mañana no se arriman a la diez millares de ladrillos, tenemos a los albañiles parados”.
Teníamos la perra “amarrada”en todas partes, estudiamos bien la posibilidad de pedirle los  ladrillos a quien con más facilidad pudiéramos convencer, y entonces nos fuimos a buscar a Román Díaz. “El Castaño”, hombre bueno y comprensivo que nos recibió echándonos en cara que le debíamos no se cuantas pesetas y admirándose del valor que teníamos de ir otra vez a proponerle esta clase de negocios. EI valor imponderable que da la seguridad de servir a una causa superior a Ia humana, nos obligo a suplicarle con toda clase de argumentos. Y como las almas buenas cuando se las pide así siempre ceden, prometió, que al día siguiente mandaría dos camiones de ladrillos y el resto cuando pasaran unos cuantos días. Y así lo hizo. Como el suceso anterior podríamos contar muchísimos. Y siempre con el mismo resultado: nuestras victimas se rendían a nuestros pobres argumentos en cuanto levantábamos, el conocidísimo “sable” de nuestra Hermandad.

Y es que, indudablemente, el Señor del Santo estaba detrás de nosotros ayudándonos y animándonos para que, sin titubeos, buscáramos lo preciso para levantarle aquella joya de su Ermita, que muestran a los que pasan por Valverde la alegría de su airosa presencia, levantada con el sacrificio de todos los hijos de este pueblo, si, pero con la constancia y la fe inmensa de su Hermandad, llena de satisfacción ahora al verla consagrada a su culto, con la grandiosidad que corresponde al divino morador que allí seguirá viviendo y vigilando a su Valverde, desde esa atalaya, faro y guía perennes de todos nosotros.
Manuel Medina
Segundo Hermano Mayor

Durante 1.955 se completo la suscripción para el pavimento. Todo en mármol rojo de Alicante, excepto la sacristía, alternando el blanco Macael.
Durante 1.956 y 1957, los esfuerzos se centraron en el tejado y en la cúpula. Esta rematada en cruz de hierro forjado y la veleta, pletorita de simbolismo: el Norte, un ancla, significando a Cristo, esperanza de nuestro navegar y la pala del ventalle, tres peces, que por transposición del IXTIOS representa a los cristianos, bogando tras de Cristo.
La cúpula articula así en su linterna el ejercicio de las virtudes teológicas. En lo alto, la cruz, germen de nuestra fé. En medio lo que justifica el crecer, que es un fundado esperar, el símbolo de Cristo.
Y anegándolo todo el color (botillería, vidrieras, cerámica blanca y azul) lo que es ambiente de nuestra fé esperanzada: el Amor.
quedó . . .
En el verano, se terminó el cancel con la caoba antillana, dirigidos los trabajos por el maestro Diego Palanco Huerta y la colaboración nuestros hermanos Cánd ido y Juan Domínguez Lorca.
En 1.958, se construye el camarín del Señor, de planta octogonal, con dos puertas de acceso y una cubierta de cúpula, realzada al máximo, y, en su cenit, una vidriera de calidos tonos dorados.
Ese mismo año se coloca la primera serie de vidrieras: las cuatro de la linternas, con los seres misteriosos del capitulo IV del Apocalipsis; las ocho del tambor de la cúpula, con símbolos de Ias Bienaventuranzas y el rosetón de la fachada con el rostro estilizado del Señor del Santo.
En 1.959, con e! magnifico regalo de la caoba por   Trujillo, de Santo Domingo, se construyeron las cuatro puertas del crucero. Ese mismo año se hizo el cerramiento del jardín.
En 1.960, para la Semana Santa, se fija la gran piedra del Altar, se pusieron el plinto de mármol negro, el pavimento, las barandas de las tribunas -obra del Manani– y la segunda serie de vidrieras, originales de Carmen Laffón.
En este ultimo año de 1.961 se instaló la luz eléctrica, regalado su trabajo por el obrero Juan Castilla Viejo. También se terminaron la sacristía, las bancos, obra del mueblista José Franco Rodríguez y se colocaron las vidrieras del cancel, el pedestal, las pilas del agua vendita y otros numerosos detalles.

Y ahora, ¿qué?

Cuando en la noche inolvidable del 12 de Marzo último, cientos de brazos valverdeños levantaron al Señor del Santo hasta el pedestal de su nueva Ermita, a muchos –la mayoría- les parecía que todo había terminado … Y felizmente.
Para mi, en aquel momento triunfal, comenzaban las etapas mas difíciles de nuestra obra: PAGAR, VIVIFICAR, TERMINAR.
La primera, supone un esfuerzo ingrato, de mucho tiempo todavía, y lo que es peor, sin argumentos ya para ilusionar a la gente con resultados inmediatos. Para muchos –la mayoría- aquello estaba ya acabado.
Y nosotros tenemos ahora que CUMPLIR Y
Y QUEDAR BIEN con tantas personas, que han confiado en la palabra de una Hermandad, que durante nueve años ha pagado, en números redondos, UN MILLON DE PESETAS.
Para esto es necesario -permitid que mi llamamiento sea angustioso- que todos los que nos prometieron su ayuda, cumplan con su compromiso, que fue causa de haber contraído los nuestros.
Que continúen todavía –siquiera por dos años- pagando su donativo mensual- de peseta o de cien pesetas- todos aquellos que nos han sido fieles durante nueve años.
La segunda, -VIVIFICAR- simultanea y masprimordial, si cabe, que la primera, es organizar, al calor de la Ermita un CENTRO DE AYUDA SOCIAL.
Al frente de este centro y para el servicio espiritual imprescindible -debemos tener misa vespertina diaria- necesitamos, y hay que pedirle al Señor que lo proporcione pronto, un Sacerdote con vocación especializada.
El CENTRO DE AYUDA SOCIAL lo concebimos: Como una organización comunitaria donde cada miembro, por sentirse solidario de los problemas de su prójimo, esté dispuesto a prestar eficazmente su ayuda para resolverlos.
TERMINAR. Un plan de terminación -para empezar cuando se haya pagado el último céntimo que se debe- puede comprender:
1.º Construir sendas viviendas, frente a la Ermita, para el Capellán y para el santero.
2.º Organizar la cripta de enterramientos.
3.º La pintura mural del Altar Mayor.
4.º La decoración exterior de las fachadas y el jardín.
5.º Las pinturas murales -o los mosaicos- delmcrucero, la cúpula y el camarín.
Todo ello sin que la Ermita deje de ser simple, desnuda, autentica.

Para estas tareas -¿cómo no?, difíciles- emplazo, no ya a mi generación, cuya lealtad garantizo, si no a la generación joven de Valverde que nos sigue. Y que debe empujarnos. Y sustituirnos.

Diego Romero Pérez.

Fuente.- Boletín informatívo nº10 y último de la Ermita. 31 de Marzo de 1961

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