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Lo que es lo mismo…

“del Coro al caño…”

Verán ustedes, en los primeros días de este septiembre les contaba de mi curiosidad por enterarme de primera mano quién fue aquel primer cura párroco de la Corza y si era o no, paisano mío, resultando que aquello me llevó a la historia del Cuadro de la Virgen del Reposo ya contada y ampliada con la autoría de la Policromía.

La llamada en Facebook del alcalde Cayuela me llevó a la Corza y en aquella visita pude hacerme, una atentisima señora a través de watsupp  pidió a su madre la foto en la que Don Rafael Rodriguez Guillen  aparecía oficiando su bautismo, de la imagen de su primer párroco además de averiguar su nombre.

Don Rafael, estuvo en la Corza poco más de un año (1956-1957), siendo nombrado párroco de Casariche en donde ejerció su ministerio desde 1957 a 1958 sucediendo al valverdeño Don Juan Romero Dominguez .    

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Llamada del alcalde Cayuela el 10 mayo 2017

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Don Rafael Rodriguez Guillen . 1957

Desde el primer momento descarté el origen valverdeño del cura pero, eso sí, me picó la curiosidad de seguír  la pista a su “carrera sacerdotal”. Más que nada porque la feligresía de la Corza antes de 1957 había estado adscrita a la Parroquia de San Julián y Santa Marina, eran los años previos a la destrucción casi al completo de todo un barrio obrero, San Julián, con entidad propia, para muchos baste recordar la conocidísima Cervecería Baturones, pensé que  tal vez, en San Julián, podría encontrar la conexión con la curia valverdeña entonces tan numerosa incluso en Sevilla, razón por la cual decidí comenzar allí mi búsqueda. Por entonces las Iglesias de San Gil (Macarena), San Roque (Puerta de Carmona), Santa Ana (Triana), etc. estaban regidas por sacerdotes de Valverde, además de la de San Pedro (su párroco fue coadjutor de Valverde muchos años), también el Rector del Seminario Metropolitano (San Telmo) era valverdeño como algún otro sacerdote que ocupaban cargos en el Palacio arzobispal.

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San Julián. Baturones en primer término

Cual fue mi sorpresa cuando entré en el buscador de mi PC, introduje “parroquia de san Julián”  y apareció la página de inicio  con la siguiente nota; “ante noticias llegadas a esta Parroquia desde Méjico sobre un Mons. RAFAEL RODRIGUEZ GUILLÉN . Fallecido en 2005, comunicamos que no hay en esta Parroquia ni en la Archidiócesis de Sevilla conocimiento de dicho supuesto sacerdote.”

PARROQUIA SAN JULIAN

Aquello me hizo emplearme a fondo en una búsqueda exhaustiva del rastro de un sacerdote de la Archidiócesis de Sevilla que su trayectoria había desaparecido de archivos y hemerotecas, también de información verbal. Uno a uno, fui encontrando el historial de todos los párrocos de la parroquia N. Sra. del Reposo de la Corza, desde 1956 hasta la fecha. Don Rafael, desde Casariche (1958) no aparecía por ningún sitio, se lo había tragado la tierra, hasta que centré toda mi búsqueda en el “Monseñor y doctor don Rafael Rodriguez Guillén”  al que hacía mención la web de la parroquia San Julián, “muerto el 2005 en América” (¿?) y… aquí tienen una muestra de lo mucho encontrado.

Andrés Romero Álvarez, 27 de septiembre de 2017.(copy right.2017)

 

 

 

 

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La chiripa se convirtió en serendipia *

(*) Se trata, como ven, de andar uno buscando algo y encontrarse, de pronto, con otra cosa tanto o más valiosa que la buscada. Es verdad que teníamos ya la palabra chiripa (que también es bastante estupenda) pero pertenece al ámbito técnico del billar y designa un éxito casual, sin fundamento alguno. Andaba uno buscando una carambola y de pronto se la encuentra por pura chiripa.                                                                                                                                                                                           Muy al contrario, la serendipia es el resultado de una búsqueda consciente que conduce al investigador a un lugar inesperado y distinto, no de carambola, sino casi de milagro. Vean ustedes que hay cosas enormes que se han descubierto por serendipia, como el continente americano, cuando Colón buscaba las Indias, y cosas mucho más humildes y, sin embargo, de cierta utilidad para algunos pacientes, como la Viagra, que apareció cuando los científicos buscaban un fármaco contra la angina de pecho. (Del discurso de ingreso de F. de Asúa en la R.A.E.)

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Siguiendo con mi  entrada de ayer, anecdota aparte de si;  el primer párroco de la Corza, don Rafael, era o no de Valverde y de ahí que la titularidad fuera de la Virgen del Reposo, les digo ya que ni el primer párroco ni el último (pasando por todos los que han sido), ningún párroco de la Corza fue nacido en Valverde del Camino.

Por tanto, vayamos al Cuadro de la Virgen del Reposo que como titular de  la Iglesia Parroquial de la Corza estuvo presidiendo el Templo  desde el Altar Mayor , justo detrás de donde, desde abril de 2017 y hasta hoy se encuentra la imagen dolorosa de la Virgen del Reposo.

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Abusando tal vez, un poco, de la amabilidad de don Alfredo Morilla que me dio toda clase de facilidades para moverme por el templo, hacer fotografías y entrevistar a sus colaboradores y amables feligreses (éstos me facilitaron escaleras, linterna y bayetas para limpiar los detalles de más interés).

Descubrí que el cuadro era una pintura policromada realizada por el pintor sevillano afincado en Huelva, Joaquin Gómez del Castillo realizado en 1937.

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En el angulo inferior del cuadro pueden observar la firma de su autor “Joaquin Gómez del Castillo” y el lugar y año;  Sevilla, 1937.

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Detalles de la policromia

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JOAQUÍN GÓMEZ DEL CASTILLO, excelente pintor y policromista fue autor de una ingente obra pictórica, restauradora y escultórica en toda la provincia de Huelva. A veces en solitario y en otras ocasiones compartiendo con artistas como nuestro paisano Castilla Jimenez, con Pedro Gómez (el pintor del Conquero) o el ayamontíno León Ortega, coincidiendo con estos últimos en el taller de la calle San Cristóbal.

En Valverde nos dejó muestra de su obra en la Capilla de los Blancos, a los pies del Nazareno; “Escenas del Purgatorio”, 1941

GOMEZ DEL CASTILLO 1927.LA VIRGEN DEL CARMEN Y HUELVA. DIAZ HIERRO. 1970

 

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Más que una simple foto de la Virgen

El pasado mes de mayo del presente año, en el Facebook del alcalde Cayuela y en el blog  de Juan Carlos Sánchez, leía un comentario de un ciudadano de Sevilla interesándose por la confirmación o no; de sí el primer párroco de la Barriada sevillana de la Corza, era nacido en Valverde y por ello, su iglesia parroquial se llamaba Nuestra Señora del Reposo.

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La curiosidad de aquel ciudadano de Sevilla unida a la desconcertante noticia, al menos para nosotros los valverdeños, de aquellos días en la Sevilla Mariana (la bendición de una nueva Virgen del Reposo ¡¡Dolorosa!! ) , despertó la mía y me hizo dirigirme a la singular barriada de la Corza que desde las inundaciones de 1961 no había vuelto a pisar.

Comprobé en artículos y entrevistas de prensa que efectivamente, se hacía especial mención a que su primer párroco era natural de Valverde aunque, esos sí,  nadie aportaba un dato fehaciente.  Hasta abril de este año, un gran cuadro de nuestra Virgen del Reposo presidió el Altar de su parroquia en la Corza sevillana.

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Manos a la obra, me entreviste con el  actual párroco Alfredo Morilla y me aseguró que lo había consultado en los Archivos de Palacio Arzobispal y no había constancia de ello. Muy amable, en mi presencia abrió el primer libro de Registro Parroquial y de su puño y letra me facilitó la fecha de bendición de la Parroquia y el nombre de su primer cura Párroco.

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Dejando a un lado el anecdotario del nacimiento o no en Valverde del primer parroco, en mi visita a la Corza el jueves 11 de mayo de 2017,  pude comprobar que, aunque relegado a un lado del Altar, el Cuadro continúa allí. Haciendo “banquillo” … allí sigue.

 

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Aquí comienza la serendipia que en otra entrega próxima les contaré porque resulta que lo que siempre pensé que se trataba de “una foto de gran tamaño” de nuestra Virgen del Reposo sin más, tiene su historia. Historia que en otra publicación les contaré.

Andrés Romero Álvarez, 2 de septiembre de 2017.(copy right.2017)

“Fresca Rosa”

Andaba ayer; día del libro, de san Jorge y de la rosa queriendo editar el vídeo que a continuación publíco ilustrando una bonita y agradable habanera; Fresca Rosa,  cantada en valenciá por la Coral Crevillentina que fue compuesta en los años cuarenta del pasado siglo por los crevillentinos José Ruiz Guasch (1900-1977) y Antonio Espinosa Candela (música y letra respectivamente) .

“Yo te canto porque eres la reina

La reina que despierta en mi la pasión”

Ocurrió que conforme oía una y otra vez la habanera para editar las imágenes que conforman el vídeo, su música me recordó a otra de similar cadencia y melodía . Seguí y seguí, una y otra vez …hasta que ¡zás! se encendió la lamparita.

Busqué y rebusqué en mi archivo… y ¡por fin! apareció lo que buscaba. En septiembre de 1995 tuve el honor de producir y llevar a feliz término la realización de la Magna Pontifical celebrada por Monseñor Amigo Vallejo ante la Esperanza Macarena en su paso de palio situado delante del Arco de la Macarena y allí, al final de la ceremonia fue la primera vez que oí cantar aquella Habanera a la Macarena .

La siguiente vez que la volví a oír, esta vez interpretada por las propias Hermanas de la Cruz en el Estadio Olímpico de Sevilla y también ante el paso de palio con la Esperanza Macarena en su salida extraordinaria con motivo de la Beatificación de Madre Maria Purisima de la Cruz.

El abuelo Diego.

Diego Romero Bernal

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El abuelo Diego.

Al abuelo Diego, Diego Romero Bernal, lo conocí tan solo en fotos. La foto suya presidía LA CULMEN desde  el despacho de mi padre, su hijo Manuel Romero Pérez. Aquella y  otra fotografía que estuvo siempre en casa mantuvieron siempre entre nosotros su memoria. Por la fotografía de  casa, sentado en un sillón de madera conocíamos que desde muy joven vivió imposiblitado en su autonomía física.

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Con la abuela Andrea, mujer fuerte y de carácter aunque muy afable, conformó una de las banquillas más pujante de finales del XIX y comienzos del XX allá en la calle Peñuelas, al fondo de su vivienda, en la casilleta, en donde formaron una gran familia de zapateros, además de la conformada junto a sus cuatro hijos. Allí  trabajaron con tesón hasta 1912, año en el que se conformó la primera fábrica mecanizada de zapatos de Valverde del Camino en la que el abuelo Diego fue socio fundador y uno de los principales impulsores. Después formaría sociedad en la INVAL para un poco más tarde fundar la CULMEN en el barrio de Triana ya con mi padre al frente.

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Hombre de profunda formación cristiana, perteneció a la Adoración Nocturna, fue socio fundador del Centro de Propaganda Católica (Casino “El Católico”). (*)

Diego Romero Bernal  a mediados de 1916, fue fundador y presidente del Sindicato Católico de Zapatería que estaba formado por unos 40 maestros zapateros y otros tantos obreros.

                Paralelamente, y siguiendo las directrices de la Confederación Nacional Católico-Agraria, creada en la Asamblea de Valladolid de 1916,  en Valverde se formó una Caja  de Ahorros y Préstamo en el Centro Católico, al amparo de la ley de sindicatos agrícolas de 1906, interclasista, sidicato-cooperativa donde patronos y obreros se beneficiaban de una actividad con  tres funciones; Empresarial, mutualista y cultural

Empresarial; Créditos, comercialización, compras, etc.

Mutualista; Se constituía como una aseguradora para los bienes de producción y seguridad social de las personas.

Cultural; La promoción cultural era otro de los objetivos.

Hoy día de San Diego de Alcalá, en la figura del abuelo Diego es mi deseo rendir un homenaje de admiración y reconocimiento a su obra, su amor por la zapateria, sus zapateros y a Valverde.

En nuestra familia Romero han seguido llegando Diegos a sus cuatro ramas; Castizo, Álvarez, Dominguez y Mantero.

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Foto de A.Bruno Romero

A ellos y sus decendencias, ¡feliz día a todos!  

(*)SANCHEZ CORRALEJO, J. C.: “ La Adoración Nocturna de Valverde del Camino en la crisis de la Restauración (1904 – 1921): Instituto religioso y escuela de pensamiento católico – conservador “, en Anuario de Investigaciones Hespérides, vol. XII (Córdoba, 2004

Delicioso libro de Manuel Chaves prologado por JOSÉ NOGALES . Una serie de escritos sobre temas sevillanos.

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Reproducimos aquí, más abajo;  Con Luz y a oscuras , artículo en el que Chaves relata la puesta en servicio del primer alumbrado Publico en Sevilla, obra de nuestro paisano Don Rodrigo Caballero Illanes.

El Prólogo.jose-nogales-0033

Al que leyere...

Este es un libro que yo vi nacer: mejor dicho, que contribuí un poco á que naciera. Por esto me juzgo ligado á él con ciertos vínculos espirituales que me redimen de aquella virginidad de prólogos en que hasta ahora he vivido. Ni los hice para los libros ajenos, ni los pedí para los míos.

Y es que, para los ajenos, creí siempre que me faltaba autoridad; y para los míos, que me faltaba aquella cualidad excelente que tendrían que poner de manifiesto por anticipado juício de la obra.

Con el presente libro todo aquel propósito casi huraño ha venido á tierra, y ya he dicho la razón. Ahora, lo que quiero decir al público es cómo debemos alegrarnos de que lo efímero y volandero se haya fijado en moldes estables y, como ahora se dice, definitivos.

He aquí cómo nació este libro: en Enero de 1901 comenzó la publicación de El Liberal en Sevilla, de que fuí Director durante algunos meses, con verdadero regocijo de mi alma. Esta satisfacción tenía dos motivos de índole sentimental: que era El Liberal y se publicaba en Sevilla.

Al empezar, dije á Manuel Chaves:—¿Por qué no haces una sección tuya, en que nos traigas algo de lo mucho que sabes y conoces, acomodándolo al paladar del público numeroso y al molde especial del público moderno?

Estas invitaciones al trabajo no se le dirijen en balde á Manuel Chaves, uno de los espíritus trabajadores é inquietos que afirman, frente á la Andalucía legendaria y pasiva, la Andalucía productora é inteligente.

Desde el segundo ó el tercer número de El Liberal apareció la sección titulada «Cosas nuevas y viejas». Lo que comenzó en Enero acabó en Diciembre. Un año, día por día, servimos á los lectores la paciente labor de Chaves, que era, burla burlando, un pedazo de historia, fragmentaria, anecdótica, concentrada, en que había de todo: desde lo trágico á lo exquisito; desde lo terrible á lo picaresco.

Y esto—hay que decirlo lealmente—aun sin tener en cuenta otras valiosas condiciones de la producción, revela una profunda cultura y un magno esfuerzo, que supone por anticipado muchos años de trabajo perseverante y abrumador, no recompensado sino por la estimación del público.

Acaso porque todos, confesándolo ó no, apreciamos en mucho aquellas cualidades en que no abundamos, yo admiro la obra paciente é inteligentísima de los eruditos, de los bibliógrafos, de los escudriñadores de las fuentes vivas en nuestra literatura, en nuestra ciencia y en nuestra historia. Y esta obra de perseverancia y sabiduría se realiza con admirable solidaridad. Como en los esfuerzos científicos, estos empeños literarios se enlazan, se completan, se ordenan á través de los años y de los siglos.

Sevilla fué siempre, y lo es ahora, un admirable taller para esta persistente labor de sabiduría. Yo tengo ganas de decir al «gran público», á ese público que está formado por cientos de miles de lectores diarios, quiénes son y qué representan en la moderna cultura española esos eruditos andaluces cuyos nombres llegaron á él á través de las Academias, de las Corporaciones oficiales, de las referencias volanderas de los periódicos en notas fugaces é inexpresivas.

El círculo de lectores se va ensanchando: este es un excelente síntoma; la Prensa, machete en mano, abre sendas claras y ventiladas en el bosque enmarañado de nuestra ignorancia secular. Ella abre el camino; el convoy viene detrás. Es un error el de los que creen que la Prensa absorbe por completo y para siempre la parte de inteligencia activa con detrimento del más hondo y apacible saber. La Prensa abre camino, hace lectores….

Uno de nuestros propósitos era ese: utilizar la Prensa como vehículo y cargar en ella la cantidad de cosas viejas que admitiese: así se irían repartiendo. Para esto—exigencias inevitables del público—había que escoger lo raro, lo ameno, lo interesante: aún no está el niño grande para ingerir muchas y serias dosis de paciente estudio.

Y Manuel Chaves cumplió su encargo tan liberalmente, que con aquella serie de Cosas ha podido componer el presente volumen, ya pasado en autoridad de cosa juzgada, y lo que es más, aplaudida.

Seguramente ha de haber alguna flor fresca en el ramillete, pues Chaves tenía materia sobrada á mano, y no es hombre que se la reserve, al contrario de otros eruditos, que todo lo que pueden lo reservan como si ganara réditos. Y ¡cuántas otras cosas sabrosísimas, de gran interés literario é histórico, habrá tenido que reservar y dejar en el fondo de los cajones, por esta ridícula meticulosidad que ahora nos ha entrado, por esta pudibundez externa que destierra todos los desenfados del ingenio antiguo, aunque permite toda licencia al ingenio contemporáneo!

No podemos reproducir los felicísimos y audaces rasgos de nuestra literatura picaresca, moralmente inofensiva, porque el donaire es ingenuo, natural y bien encaminado, mientras corren, exquisitamente encuadernadas, todas las alambicadas porquerías de la literatura francesa,—que no tienen acceso en otras naciones—y esto me hace pensar en el antiguo problema de si la moralidad será cuestión de climas… y de lenguajes.

Me place lo exquisito de esa literatura, aunque se acomoda mi ánimo mejor á los sabrosos desenfados de la nuestra.

Y es que adoro nuestras formas castizas, nuestro «modo de hacer», el resplandor de nuestro ingenio solariego, la gracia ingenua, socarrona y admirable de nuestros grandes escritores. Y es más: pienso en que los señores franceses venían en los siglos XVI y XVII á buscar comedias, á buscar Autos, á buscar novelas, á empaparse en nuestro ambiente, para fusilar nuestra producción, hacerse el paladar y revendernos la «lengua de Molière» en nuestra propia salsa…

Era una especie de combinación como la que ahora hacen con nuestros vinos. Allá van nuestros mostos blancos, fuertes, sensuales, apetecibles. Los tiñen de negro con singular maestría, los perfuman, los aderezan, los disponen con sugestivo bouquet, y nos los revenden con fe de bautismo de Burdeos ó de Borgoña… Total, seis botellas que vienen, representan el valor de una pipa que va. Ni más ni menos. Son gastos de nacionalización que nos cargan en cuenta.

Y, ahora que recuerdo: Manuel Chaves también ha pasado la frontera y nos lo han devuelto, con un acento de lo más tirano. En los periódicos taurinos del Mediodía, de la Provenza, figura Chavéscomo una autoridad in ré taurina, por aquellos folletos sobre Pepe Illó… y demás documentos del ramo, que ha sacado á luz. Es delicioso.

Lo que quise decir—y no es poco—es que Chaves es un escritor que pasó la frontera, precisamente por lo castizo, por lo apegado á nuestro riñón, por lo que tiene de españolizado, por sus cosas viejas, que son nuestras cosas.

Y si esto se estima en el extranjero, ¿cómo no lo habíamos de estimar en nuestra casa!

Sí se estima. Lo sé. He podido apreciarlo precisamente en estas Cosas viejas, en cuyo nacimiento me llamo un poco á la parte. Cartas sobre las tales Cosas, recordatorios, adiciones, rectificaciones, oposición, aprobación, me daban á entender que interesaban.

Si interesaron entonces, ¿cómo no ahora? Ahora y siempre.

Son Cosas incitantes, regocijadas ó trágicas, pero andaluzas. Juntas, no tienen más fin que el de presentar un estado de alma; separadas, no tienen más objeto que regocijar al lector ó hacerle sentir la angustia de lo histórico….

Por uno y otro propósito, mi parabién á Manuel Chaves; mi aplauso al conjunto de eruditos sevillanos, de grandes artistas, de pacientes trabajadores en el orden intelectual, que han formado una de las bases de nuestra cultura moderna.

De Sevilla hay que hablar mucho. Pero mucho. Dios dirá.

JOSÉ NOGALES.

CON LUZ… Y Á OSCURAS.

Cuando las sombras de la noche se extendían sobre Sevilla en aquellos tiempos de la Inquisición y de los monarcas absolutos, era preciso ser hombre de más de mediano valor para atreverse á recorrer solo las calles, la mayoría de las cuales eran estrechas, tortuosas y en las que abundaban las lóbregas travesías, las encrucijadas sombrías y los rincones misteriosos y los pesados arquillos de feísimo aspecto.

Los faroles y candilejas que las hermandades solían poner en retablos y cruces que tanto abundaban, era el único alumbrado que podía guiar al transeúnte en aquellas tinieblas, por las que se resistían á penetrar en no pocos barrios las rondas y las patrullas que de tiempo en tiempo tenían obligación de recorrer sus demarcaciones.

Los criminales, los ladrones, la gente de malísimo vivir, eran únicamente los paseantes que desde el toque de la Queda hasta ser de día vagaban por las calles, y rara era la mañana en que en las collaciones de la Feria, san Vicente, santa Cruz, la Macarena ó san Pedro, no aparecía algún hombre muerto ó se tuviese noticia de alguna casa robada ó de algún atropello bárbaro cometido entre las sombras y el silencio.

Dueña en absoluto era la gente maleante de la ciudad por las noches, y únicamente en alguna gran solemnidad, se solían hasta las nueve ó las diez iluminar las casas por el vecindario por apremiantes órdenes del Asistente.

Hasta el siglo XVIII no se les ocurrió á las autoridades locales la feliz idea de que estableciendo alumbrado público, podrían evitarse muchos desmanes que favorecidos por las sombras se cometían, y á este efecto se ensayó el plan que ya en otras capitales se había llevado á cabo.

Era en 1732 Asistente interino don Manuel Torres, y á este buen señor, así como á su inmediato sucesor, don Rodrigo Caballero Illanes, se deben los primeros ensayos de alumbrado, pues ordenaron al vecindario que desde las primeras horas de la noche del invierno de aquel año hasta las doce, los vecinos colocasen en las ventanas de sus casas faroles que disipasen de algún modo las espesas tinieblas.

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El día 15 de Octubre comenzó á cumplirse lo ordenado por las autoridades, y es curioso el hacer constar que hubo una verdadera oposición por parte de la gente de los barrios bajos á la novedad de los faroles, dándose con frecuencia el caso que apenas eran encendidos muchos de ellos, los mozos de barrio y algunos pájaros de cuenta destruían á pedradas los cristales, volviendo á dejar las calles en aquellas sombras que tanto favorecían sus planes.

Así continuaron las cosas muchos años, apesar de los edictos de 1754, 1757 y 1758, siendo inútiles cuantos esfuerzos se hicieron por obligar á respetar el alumbrado, que siguió constituído únicamente por los farolillos que adornaban las cruces y retablos, que sostenían sus hermandades y cofradías.

En 1760 el Asistente, D. Ramón Larrumbe, dando una prueba de cultura, volvió á tomar disposiciones sobre el asunto, y el día 27 de Octubre se fijó é hizo publicar un bando en el cual se leen estos párrafos:

«Manda el señor Asistente que todos los vecinos de esta ciudad, barrio de Triana y sus arrabales, desde 1.º de Noviembre próximo hasta fin de Abril del año que viene, pongan faroles en lo exterior de las casas, que den luz á las calles y pasos públicos; lo que han de ejecutar desde media hora después de oraciones hasta las once de la noche: pena al que contraviniere lo mandado, de dos ducados por la primera vez, cuatro por la segunda y ocho por la tercera, aplicándose dichas multas al ministro, soldado ó persona que denunciare la contraversión en el todo ó parte de lo mandado…» Y más adelante se añadía: «Que desde las once de la noche en adelante, ningún vecino de cualquier calidad y condición que sea, pueda andar sin luz por las calles, llevándola por sí ó por sus criados con linterna, farol, acha ó mechón; pena al que contravenga, siendo persona distinguida, de seis ducados de multa con la referida aplicación; y al que no sea de esta circunstancia se le tendrá por persona sospechosa, y se le tendrá en la cárcel, para que averiguado su modo de vivir, se le dé el destino correspondiente, etc., etc.»

Por último, se acordaba que á las ocho de la noche se cerrasen todos los bodegones, botillerías y tabernas, adoptándose otras disposiciones para mantener el sosiego y la seguridad de la ciudad.

Pero tales acuerdos, apesar del buen celo que el Asistente y sus delegados tuvieran, no fueron bien cumplidos ni mucho menos como se ordenaba, y lo del alumbrado público vino á quedar como antes durante diez años poco más ó menos, aun habiéndose repetido los bandos en 1761 y 1766.

En el bando de 20 de Octubre de 1770, se volvió con más energía á encarecer la necesidad del alumbrado, por el Asistente D. Pablo de Olavide, añadiendo esto, que da idea de cómo andaba la seguridad pública por las noches en las calles de Sevilla:

«Habiendo acreditado la experiencia no se había podido evitar que en horas extraordinarias transiten personas sospechosas, pues en fraude de ellas se ha verificado encontrarse sujetos de esta clase después de las doce de la noche, con la cautela de llevar luz é ir separados para que no se les pudiese detener por las rondas: considerando su señoría que en semejantes horas nadie sin motivo urgente debe estar fuera de sus casas y que el mero hecho de carecer de esta legítima causa le constituye en sospecha», se ordenaba que fueran detenidos cuantos vecinos fuesen encontrados, como medida más expedita.

Disposición fué esta, que se confirmó y amplió más tarde en otro bando del mismo Olavide de 22 de Octubre de 1772, en el que se lee: «Toda persona que se encuentre después de dada las doce de la noche hasta el primer toque del alba, que no sean sujetos conocidos, en quien desde luego se excluye toda sospecha y que aunque lleve luz y vaya solo, no se verifique causa legítima urgente que le precise á transitar á aquella hora, cuya verificación (¡!) se haya de hacer en el pronto por la ronda ó patrulla que lo aprediesen, y no acreditándose la urgencia, se ponga preso y haga justificación de su vida y costumbres para tomar la providencia correspondiente conforme á lo que resulte…»

Ya se ve, pues, que entre el mal alumbrado y la gente non sancta, era harto arriesgado transitar por las calles en los buenos tiempos de la fe y de las venerandas tradiciones, pudiendo decirse que apesar de repetirse nuevos bandos sobre alumbrado en 1777 y 1779, hasta 1791 no contó Sevilla con un verdadero servicio, gracias al Asistente Ábalos, que, por cuenta del Ayuntamiento y cargando una contribución á los propietarios de casas, colocó faroles en todas las calles, los cuales faroles eran de forma adecuada y de dos mecheros, durando el alumbrado desde 1.º de Octubre de 1792 al 24 de Junio de 1793, las noches que no hacía luna, y terminando en el comienzo del verano.

D. José Ábalos nada olvidó para el mejor resultado de la reforma, y á este fin montó un cuerpo de celadores ó faroleros á los cuales ordenaba que «los mozos del alumbrado deben aderezar sus faroles diariamente, de forma que se hallen corrientes para encenderlos á las horas señaladas; cada uno recorrerá su partido de continuo para avivar el que se amortigüe ó encender el que se apague con atraso. Estas maniobras las han de hacer con actividad y prontitud: para ello y que no tenga disculpa, han de ser mirados mientras lo ejecuten con la detención y preferencia debida al público, á quien sirven, no deteniéndose con pretexto alguno á que siga su ruta por las personas más privilegiadas».

Desde los tiempos de Ábalos el alumbrado público siguió con diversas alternativas, siendo objeto de lucro para contratistas y negocio seguro para algunos graves señores, en perjuicio del pueblo en general, hasta que don José Manuel Arjona, hacia 1827, lo reorganizó con muy buen acuerdo, estableciendo los faroles triangulares sobre pescantes de hierro.

En 1839 tenía Sevilla mil faroles de un nuevo sistema inaugurado en 13 de Agosto de 1836, faroles de reverbero que causaron no poca admiración del pueblo.

Por último, terminaré estos apuntes consignando que al establecerse el gas, la calle de las Armas fué la primera que tuvo el nuevo alumbrado, poniendo término á aquellos tiempos en que nuestros abuelos tenían de noche la ciudad con luz… y á oscuras.

firma, Manuel Chaves

Cayuela, Alcalde Presidente del Ayuntamiento

de

Valverde del Camino.

 

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De Cayuela a Mora , de Mora a  Álvarez y de ahí a Blanco

Con su discurso abrió la campaña a las Municipales de 2019 en la que tendrá, con toda probabilidad,  que buscar apoyos si quiere seguir siendo alcalde.

 

Cayuela empezó su discurso en “Cayuela” para poco a poco “en este caso”, ir rebajando la acritud presente en el discurso del portavoz popular en esta sesión de investidura, tónica dominantes en los Plenos de estos más de cinco años del gobierno popular en el Ayuntamiento valverdeño.

Mora. Cayuela fue entrando poco a poco, en la parte central de su discurso,  en Mora para tras una oferta de colaboración con sus oponentes políticos, los de dentro y los de fuera, iniciar una serie de promesas electorales, comenzando con un brindis al sol para congraciarse con sus vecinos más inmediatos para proseguir con otras promesas de tono menor aunque necesaria, muy necesarias en el día a día municipal.

Álvarez, apareció el Álvarez en el tercer tramo de su discurso, tras su tercer trago a la antiestética botella de agua, cuando ya sonriendo, más distendido recordó;  a su padre, su referente en muchas cosa, su madre, hermana y cuñado, sobrinos, tías, suegros y por último a “su pareja”, en presidente siempre del plenario pero tierno, afable y en un gesto cómplice con su “pareja”, haciéndonos partícipes a todos, presentes y ausentes, de “su momento”.

Blanco, abrió en Blanco su hoja de ruta para arengar a los suyos, a sus colaboradores, vecinos, etc. con un , “en este caso”; ¡Adelante!, ¡adelante!, ¡adelante!…

Pues, suerte, suerte a vuestra ilustrísima en esta andadura, por su salud y por el bien de Valverde, señor Alcalde Presidente del Ayuntamiento de Valverde del Camino que es mi pueblo.