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Archive for the ‘COPLA’ Category

Columpios, bambas, meceores…

 

Qué bonita está la niña 

en el columpio subía

entre los pinares verdes

disfrutando de este día.

el columpio

Mosito que está en la puerta

entre usté y me meserá

que los que me están mesiendo

han comido poleás .

La fiesta del columpio, se tiende a ubicar en el contexto del Carnaval interpretandola, por tanto, como rito de inversión se tiende a ubicarla en la mitad occidental de Andalucía, especialmente en los pueblos y aldeas de Huelva (la Sierra) , Sevilla (Aljarafe) y Cádiz (Sierra). También, ya en primavera y comienzos del verano en romerias y sanjuaneras.

Solían ser los Santos Viejos  (San Antón, San Sebastián, San Ildefonso, San Blas y Santa Agueda) coincidiendo con la matanza, los encargados de abrir un tiempo de espera hasta la llegada del Carnaval (tiempo propio para transgredir los papeles más inamovibles de la sociedad tradicional).

El caracter festivo de la matanza tan unida a San Antón (17 de enero), hacía que ese día fuera en muchos lugares es escogido para poner los primeros columpios.  Los más viejos de Rosal de la Frontera, para entretener a los niños, hacían el remecero con una soga en  un arbol poniendo como asiento un saco lleno de paja.

San Antón mató a un marrano

y no me dio la morcilla

A San Antón le voy a dar

con un palo en las costillas.

La tradición carnavalesca en aquellos pueblos y aldeas quedó seriamente diezmada con la Guerra Incivil. En Valverde afortunadamente se mantuvo en nuestros campos, lugares y chozas.

El eco de las bambas llegaba hasta el Miercoles de Cenizas, tras el cual el silencio cuaresmal se imponía sobre el jolgorio de las coplas. La pervivencia y fuerza de lo festivo hace pensar a muchos que es en el Carnaval donde hay que buscar el origen del Columpio.

Fuentes:Al vaivén del columpio: fiesta, coplas y ceremonial

Escrito por María Jesús Ruiz,José Manuel Fraile Gil,Susana Weich-Shahak

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Momentos

      (Lapsos de tiempo más o menos largos que se singularizan por cualquier circunstancia)

Transita de nuevo el tiempo de un año 2014 a otro, el 2015 que ahora se nos termina. Un año más sin la Transición tan cacareada por muchos como excusa para no hacer nada,  pretexto de otros para seguir haciendo lo que les viene en gana.

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Llanto de atención y protesta de nuestra, de momento, última nieta que en la Pila del Templo sevillano y Bernardiano,  arrabal de toreros y ferroviarios de antes, recibe sus primeras aguasbenditas, luz y aceite incluidos. Primeros pasos… en una nueva vida. 

Selfie de primos, sobrinos todos, entorno a su ídolo aqui en Sevilla, a la vera mismo del rio grande, entre el Alamillo y la Barqueta, junto al Jardin de”Las Damas” y la Venta gatuna de Becquer,  cercano a donde Susillo vino a buscar su vída libre y definitíva.

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Mis mellis corretean a su libre albedrío en su nuevo patio; placitas de San Lorenzo y San Antonio; …”abello,…mía, mía..” 

Sobremesa rompiéra en tiempos de carnavales salineros, cigarrillo con Manuela y Daniel conversando entre pateras y gaviotas de las buenas.

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Mañana sevillana en  Los Venerables; Elena, Murillo, la paz de los patios y la música del padre Ayarra en uno de los mejores órganos de Sevilla, después aperitivo de Casa Román… 

Sevillanas, fandangos y habaneras ….entre amigos y buen vino… ; Valverde.

Noche mágica en Pilatos, arte y compás de los Fernández Montoya con las diosas  y el dios bifronte de la fuente central,  por testigos; ¡ qué olores!, qué luz…, ¡¡dios mío, cuanta magia!!. Sevilla.

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La sinfonía hecha flamenco, el flamenco hecho sinfonía de la mano de Jesús Bola;…MAIRENA, don Antonio.

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Cumpleaños de pasión, alegría de un sábado santo perpetuado en una mujer, con nombre de Señora de la Montaña en el pirineo catalán, nuestra hija Nuria, madre de la otra Nuria en enero bautizada.

Santa Marta por San Francisco; sobriedad, elegancia , belleza y majestuosidad al procesionar; Semana Santa de Sevilla.

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Hasta el último momento, luchador. Ejemplo en el saberse ir. Fuimos compañeros de mesa en la Academia de Valverde.  Felix

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Cormoranes de Ria Formosa en donde encuentro la paz y el tempo algarvio del saber vivir.

Rocio y Giralda, campanillas bajo el campanario majestuoso de la torre Grande, Torre del Oro que se mira al espejo por sus doce lados;… rocio urbano en la Sevilla rociera. Pelli zco, cuando por SanTelmo sale .

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Mañana solemne de Jueves de Corpus, cuando la Hiniesta municipalina recibe y despide a la Sevilla añeja y plateresca. SEVILLA.

LA CALÓ, mañanita de San Juan en el Alosno. Hay que moverse para disfrutar del fandango parao de Alosno. Huelva.

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Nuestro amigo y vecino el Camaleón, el medio ambiente. Islantilla.

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Se nos fue uno y varios a la vez. Clarinete en la banda, el último. El primero a la hora de hacer ciudadanía, fundamental en la Coral, periodista en horas libres, tendero, siempre dispuesto a todo. Cordial y afable, siempre amigo. Sebastián.

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Y llegó septiembre luminoso, vibrante, espectacular. Anduvo la Virgen de Cabezo en Cabezo hasta terminar llorando, lloramos todos de emoción y alegría aquella madrugada del 13 de septiembre ante el Señor del Santo; Madrugada de la Virgen.

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Carlos I la regaló a los Caballeros de  la Orden de Malta, 1565. Coincidimos el 21 de septiembre fiesta Nacional. Y fue en Sevilla en el Real Alcázar a donde Isabel de Portugal vino a casarse con Carlos, aquí dejaron pruebas más que suficientes de su paso por la historia de esta ciudad y de este Alcázar que pronto, muy pronto nos mostrará sus entrañas en la Cripta del Patio de Banderas para darnos a conocer  Sevilla, desde su fundación en el SigloIX (A.C.) ,hasta el siglo XI (D.C.).

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Por ultimo, un recuerdo muy especial a dos de los grandes que se nos fueron este año;  Manuel Molina, “Manuel”, y Francisco Díaz Velázquez.

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A todos, Feliz 2016

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La maldita costumbre de cantar (*)

“Un cura trajo a la Antonia

Y otro cura la tomó

Cada cual tenga la suya

Que también la tengo yo…”

Después de 1765 la copla superó en protagonismo al baile. Primero, se convirtió en instrumento de lucha de los bandos que pugnaban por el control de las elecciones de diputado y síndicos personeros del común. Más tarde, se volvió contra los responsables de su aterrizaje en la escena política. Quienes en su afán por dominar los municipios se habían valido de las cuadrillas para denigrar a sus opositores acabaron por convertirse un decenio más tarde en sus víctimas. Las letras de las coplas, consideradas hasta entonces medio necesario para denunciar los abusos de poder, devinieron “abominables atentados” contra la honorabilidad de la “gente de buena condición“. De ahí que quienes tocaban poder, asustados ante la posibilidad de convertirse en objetivo de las cuadrillas, se propusiesen acabar, no ya con la copla, sino con la “maldita costumbre de cantar”.

Las reformas de Campomanes convirtieron la canción popular en elemento de confrontación. La elección de los nuevos empleos dio lugar a la formación de grupos manipulados por oscuros personajes, “causantes de “graves escándalos entre los vecinos, disensiones y discordias”.

El voto se convirtió en una mercancía que se compraba con promesas de trabajo y regalo de productos de primera necesidad. El clero tuvo fuerte presencia en la manipulación de las elecciones. Algunos eclesiásticos se convirtieron en dueños de los pueblos y responsables de enfrentamientos políticos.

En 1768, Valentín González, un vecino de Jabugo, se querelló contra el presbítero José Romero “por haber movido graves escándalos … captando a electores de diputado de abastos y síndico personero para que eligiesen parciales de dicho eclesiástico … y fijar varios libelos difamatorios en las puertas de muchos vecinos (en los que) difamaban a las personas y familias más distinguidas en las cosas de mayor gravedad” (AOH Leg 316).

Don José, pariente de los alcaldes de la villa, fue “cabeza de bando” en las elecciones a diputados y síndico del común. Sus métodos diferían poco de los que utilizaron un siglo más tarde los caciques de la Restauración. Presionaba con argumentos morales a los vecinos para que decidiesen los electores “a su devoción”, facilitaba a los votantes papeletas con los nombres de sus candidatos y en ocasiones agradecía el voto con dinero o la condonación de deudas.

El cura fue autor de pasquines que fijaba en las puertas de sus opositores, “descubriendo defectos de sangre o vicios”. En esta tarea le ayudaba una cuadrilla de mozos con la que rondaba el pueblo de noche. El contenido de sus libelos era tan popular en Jabugo que “hasta los niños los publican”, una expresión que hace pensar en la utilización de menores para cantarlos. El querellante acusaba al clérigo de “haber encendido un fuego muy fuerte” y de dividir el pueblo en dos bandos.

En la década de los setenta, las cuadrillas, alertadas del poder de la copla, la emprendieron contra estos oscuros personajes. Una boda interesada o sus amancebamientos eran ridiculizados en sus letras y denunciados como exponentes de la sinrazón de “eclesiásticos y seglares distinguidos”. Las autoridades trataron de frenarlas con Autos de Gobierno y penas de prisión.

En 1773, Callejas, Cruz, Sánchez Moya, García Caballero, García de la Santa y Caballero Bolaños, eclesiásticos de Valverde, impresionados por el caso de una mujer a la que los mozos habían dedicado algunas “coplas ofensivas“, exigieron a Francisco de Solís, arzobispo de Sevilla, que reclamase a las autoridades más celo en la vigilancia de los “excesos“. El prelado no contestó la carta, una omisión que los eclesiásticos atribuyeron a sus numerosas preocupaciones. El último firmante del escrito, el vicario Caballero Bolaños, fue una de las primeras víctimas de “las abominables coplas“.

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El veinticuatro de octubre de 1773, los alcaldes de Valverde publicaron un bando precedido de algunas consideraciones sobre el malestar creado en el pueblo por los cantares:

De algunos días a esta parte han sido repetidas las quejas con que se han lamentado ante sus mercedes distintos sujetos de este pueblo de la primera distinción, así del estado eclesiástico como del secular, e igualmente varias mujeres honradas, mozas y casadas, pidiendo y suplicando se castigasen con las correspondientes penas a varios hombres de este pueblo que andan todas las noches por las calles públicas, desde prima noche hasta el día, en cuadrillas diversas de diez personas y aun de más, cada una cantando distintas y repetidas coplas incesantemente, las más abominables y escandalosas que jamás pueden haberse oído, lastimando en ellas atrevidamente a varios sujetos, con denominación de individuos, con la honra, nacimiento, vida y costumbres, así de señores eclesiásticos como de seglares distinguidos, mujeres casadas y doncellas, con cuyo motivo se halla el pueblo perturbado, escandalizado e inquieto clamando a una vez por el castigo de semejante atrevimiento y osadía a vista del temor y horror que les ha causado lo torpe de los cantares en que se han cometido muchos pecados públicos de que tanto se ofende la majestad de Dios Nuestro Señor y deseando Sus Mercedes evitar tan perjudiciales daños, que cesen tantas maldades, que no se originen otras malas consecuencias y que esta república goce de paz y quietud, acordaron publicar este Bando” (AOH Leg 525).

El texto endurecía extraordinariamente las penas. Toda reunión nocturna y callejera de más de dos personas era considerada delito, aunque se celebrase con fines “honestos”. Los cantares “torpes o deshonestos” fueron terminantemente prohibidos, incluso en privado.

Cualquier canción que denigrase el honor de las personas quedaba sujeta a la consideración de “copla indecente”. Particular atención mereció a las autoridades la tonada “del cundí” que había “lastimado tantos sujetos, créditos y honras”. A cualquier mozo que participase en las cuadrillas le aguardaba una sanción de diez ducados, una cifra alta comparada con las multas establecidas en los Autos de Gobierno anteriores. La misma sanción aguardaba a los padres que consintiesen a sus hijos cantar las coplas. A los que fomentasen las rondas de los mozos se les amenazaba además con la aplicación del Auto Acordado del Consejo de Castilla de cinco de mayo de 1766 y su reducción a “enemigos de la patria y su memoria por infame”.

La pena más grave, la prisión, se reservaba a las mujeres que interpretasen el cundí.

Finalmente, las autoridades amenazaban a quienes criticasen el bando con los castigos reservados a las cuadrillas. (AOH Leg 525)

Los principales destinatarios de las tonadas del cundí fueron los oficios de los cabildos y los miembros de la Iglesia. Algunos eclesiásticos llevaban un modo de vida incompatible con el estado clerical. Sus vicios, impropios de una institución que se presentaba como paradigma de la perfección moral, no podían quedar impunes. El desorden más extendido y escandaloso era el amancebamiento. Algunos curas vivían como si fuesen casados.

No era sin embargo la carne el único pecado. También los había que bebían en exceso, jugaban a los naipes, llevaban armas, traficaban, prestaban dinero y vivían de espaldas a sus obligaciones. Las cuadrillas se convirtieron en el azote de estos comportamientos. Sus miembros eran generalmente rudos hombres de campo que, ebrios de aguardiente, dejaban que desear y eran fácilmente manipulables. Compartían empero la necesidad de cambiar las cosas aunque no alcanzasen a vislumbrar que su lucha contra la sinrazón, menos estética que la de Goya, era igualmente eficaz y destructiva. Por ello las cuadrillas se convirtieron en verdugos sociales que actuaron, sin conmiseración, contra hombres y mujeres “honorables“. Muchos de sus miembros se vieron envueltos por ello en penosos procesos judiciales.

El más conocido fue el que el fiscal eclesiástico abrió a Francisco Caballero Bolaños, cura de Valverde, por vivir con Antonia, su criada, una moza zalameña de treinta años.

Ambos dormían en el mismo cuarto, aunque en camas separadas. Habitualmente salían a pasear los días de fiesta. Habían viajado juntos a Cádiz, Huelva, Manzanilla, La Rábida, Trigueros y aldeas de Valverde. Debido a la oposición de su padre, que comparaba su casa con “una sinagoga”, la sirviente se marchó a Zalamea pero regresó ocho días más tarde. El clérigo salió a recibirla al Pilar y la agasajó con alfajores y bizcochos.

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Las cuadrillas les daban “locajadas” al amanecer y se congregaban en su casa a cantar “las tonadas del cundí”.

Una noche el cura, cansado de sus desmanes, les disparó una perdigonada e hirió a tres mozos. Las autoridades se las vieron y desearon para evitar que quemasen la casa y dictaron un bando prohibiendo, una vez más, las coplas indecentes.

Se han conservado cinco de estas tonadas:

 

El cundí como es tan chulo

Me ha dicho al oído a mí

El vicario no es casado

Pero sí casi sí.

 

El padre vicario quiere

Que no le canten el cundí

Echa a la Antonia de casa

Y así se consigue el fin

 

Un cura trajo a la Antonia

Y otro cura la tomó

Cada cual tenga la suya

Que también la tengo yo

 

El caballo del vicario

Que buena surra merece

Camino de Zalamea

Cayó a la Antonia tres veces

 

Señor padre vicario

Eche Usted la moza fuera

Que el lugar se está abrasando

Y con poquita candela.

 

El cura valverdeño, en un tono culto e ilustrado, rechazó la acusación del fiscal. Durante su confesión, que se produjo en la cárcel de Sevilla, analizó el perjuicio que las coplas ocasionaban “a personas condecoradas de toda condición” y las dificultades con las que tropezaban las autoridades para controlar las cuadrillas. Su confesión fue un alegato del pensamiento ilustrado sobre diversiones populares:

 “En dicha villa ha habido de muchos años a esta parte y se presenta hoy la depravada costumbre de cantar coplas ofensivas a todo género de gentes, sin reserva, ni a los religiosos ni a los propios seculares ni a los justicias y capitulares, ni a las mujeres de honor, sean casadas o doncellas, y ahora con motivo de haber llegado allí una tonadilla que llaman el cundí, que está extendida no sólo por esta ciudad sino principalmente por todos los pueblos y que antiguamente se cantaba, según ha oído decir el confesante, se han excedido aquellos vecinos en tanto desafuero en los expresados cantares indecorosos a la estimación y crédito de todas las gentes que no han tendido forma de contenerlos ni por consejos saludables que les han dado, ni por reprehensiones que han hecho en el púlpito varios predicadores, entre ellos el confesante, ni por repetidos bandos que han publicado los justicias, ni por haber puesto en la cárcel a algunos vecinos por inobediencia.

 Y así es falso que tales coplas se hayan fomentado por el escándalo que se supone dado por el que confiesa pues las mismas o peores cantaban a las demás personas condecoradas de ambos sexos, sin haber dado tampoco motivo para ello, sino por ser propensión de aquellos que naturalmente de este modo satirizan a todos y como ellos son por lo común los que se ejercitan en esto una gente rústica, ociosa y de ninguna crianza y salen por lo común de ellos con más calor … no se paran en lo que cantan ni pueden reflexionar las continuas ofensas que hacen a Dios y los perjuicios que infieren a las personas a los que se dirigen y el uso que tienen en esto es ir de cuadrillas por las calles y se paran donde quieren y se ponen a cantar a las puertas, sea de la calidad que fuere, llevando muchas veces sobre un jumento un pellejo de vino del cual van bebiendo de rato en rato … Los nuevos justicias que han entrado este año han publicado bando muy riguroso prohibiéndolos bajo diferentes penas” (AOH Leg 525).

El largo proceso, más de dos años y más de doscientos folios, tuvo un desenlace inesperado habida cuenta del rigor con el que las autoridades trataban el amancebamiento.

La dialéctica del eclesiástico valverdeño, una acertada defensa, la deserción de algunos testigos del fiscal y los testimonios cualificados de su padre y de los oficios del cabildo, le valieron un pronunciamiento absolutorio y dejaron extendida la sospecha, compartida por el fiscal, de que la acusación había sido inducida por Antonio Ortega, otro cura de la villa, con el que el acusado mantenía abiertas discrepancias.

Había indicios para sospecharlo: Ortega había sido promotor de la actuación del fiscal y nunca había condenado el comportamiento de las cuadrillas. El propio ministerio público lo reconocía: “Nunca ha condenado el vicio, como los demás curas, antes bien ha procurado en cierto modo apoyarlo y defenderlo y los testigos de la sumaria parece que tenían alguna coaligación con él”. (AOH Leg 525)

Necesariamente debemos profundizar en el escrito del fiscal eclesiástico, un alegato de dieciséis folios, una extensión inusual para un trámite que normalmente ocupaba dos o tres, en el que desmontó uno a uno los cargos que pesaban sobre el acusado. Su supuesta “dama” era su prima y por ello lo llamaba, en público y privado, “Frasquito”. Su padre no sólo no la detestaba sino que la había criado como a una hija. Las personas que los habían visto juntos fuera de su casa siempre los habían encontrado en compañía de otras personas y nunca los habían hallado en situación de la que suponer el pecado de la carne.

 Al fiscal, pues, no lo quedaba otra alternativa que pedir su absolución: “Que se absuelva y de por libre al referido vicario, se le conceda licencia para el uso de sus empleos, reservándose su derecho para que use de él como le convenga”. (AOH Leg 525).

La calificación de los hechos no podía pasar por alto el asunto de las coplas. Lo que el fiscal Páez opinaba sobre la cuestión no era diferente de lo que había confesado Caballero Bolaños: “El uso de estos cantares es muy antiguo en Valverde y no se liberan de ellos las personas condecoradas de ambos sexos, ni aun los mismos justicias, y por esta razón padeció mucho el vicario antecesor del actual, sin haber dado causa alguna para ello, sino sólo por motivo del casamiento de una hermana suya … y dos testigos han dicho que desde que tienen uso de razón … han conocido cantarse coplas satíricas e injuriosas … y han oído a diferentes mozuelos cantar con insolencia” (AOH Leg 525).

La actuación de las cuadrillas fue objeto de investigación separada.

 Iniciaban el trámite tres documentos decisivos: Los Autos de Buen Gobierno de 1755, redactados por Montaner y Granado, alcalde y abogado de los Reales Consejos, los Autos de 1773 y el bando al que se ha hecho referencia anteriormente.

Los tres contenían claras advertencias a los mozos para que cesasen en sus excesos: “Que ninguna persona diga ni oiga cantares torpes ni deshonestos, ni eche equívocos provocativos, ni se den cantaleta, ni digan chansoneta, ni sátiras a mujeres, ni las acompañen en las romerías, lavaderos, fuentes … para evitar las graves ofensas que con semejantes motivos se da a la Majestad de Dios y remediar los perjuicios que han experimentado pena de proceder contra los transgresores conforme a lo dispuesto por las leyes de estos Reinos, según las circunstancias del delito” . (AOH Leg 525).

Por incumplimiento de las normas anteriores las autoridades la emprendieron contra los mozos que habían cantado las tonadas en la puerta de Caballero. De hecho fueron encarcelados al día siguiente, situación en la que aún permanecían cuando prestaron declaración ante el instructor del expediente.

Las manifestaciones del herrero Manuel Arroyo y de Antonio Prieto constituyen un testimonio de primera mano para la reconstrucción de los sucesos. La tarde de autos, acompañados de Vizcaíno y García Simón, después de beber en abundancia en la taberna de Ceferino, se sentaron en la Cruz de la calle La Fuente, cerca de la casa del cura, y entonaron el cundí, resultando heridos por los “granazos” de un tiro que atribuyeron al cura.

No fue el único proceso abierto a las cuadrillas. Una nota puesta al término del expediente reseñaba la condena de Pedro García Blanco y Antonio de Lorca por desobediencia a los Autos.

(*) De “Coplas, bailes y fandangos en los confines de Andalucia 1680-1808”. Juan Francisco Canterla González

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Qué bonito sería…

Por ejemplo, saber volar… 

Sería bonito, es bonito, ¡ son bonitas tantas cosas! . Nos empeñamos en mirarnos al ombligo, nos paramos a ver sin querer entender.

En estos días de descanso, de cambio de ritmo y… ¡ de tanta calor !, removiendo archivos me he encontrado con la grabación de una actuación de la que fue la primera hornada de “Triunfitos”, aquella excelente cosecha del 2002 de Operación Triunfo, la de Rosa López, Nuria, Chenoa, Bisbal, Bustamante, etc. etc. .Se trata del programa nº 9 en el que todos, ellas y ellos cantan con Rosario Flores, sintesis de la raza y esencia del arte de “los González Flores” ,  Sirena imponente, consecuencia de la fusión entre Faraona y Pescailla con Antonio Gonzalez por la femoral. 

Una a una, primero ellas, le van cantando a Rosario para tras, una “puesta en suerte”  central de Rosariyo, pasarle los trastos a ellos… y todos a coro… cantarle ” Qué bonito seria…” .

¡¡ AY, QUÉ BONITO !!

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ZAFRA

ZAFRA. Plaza Mayor

Mercaderes de Zafra

 

“Hay que decir, no obstante, que los Suárez de Figueroa habían mantenido siempre unas excelentes relaciones con esta minoría ya en sus posesiones sevillanas.

No es de extrañar, por tanto, que el número de judíos en Zafra se incrementara en los años inmediatamente posteriores a los pogroms que tuvieron lugar en tierras andaluzas a finales del siglo XIV. Esta sintonía entre señor y súbditos quedó patente cuando don Gomes invita a establecerse en la villa a Pedro de Toledo, para que con más comodidad continuará con la traducción al castellano de la Guía de perplejos de Maimónides, cuya segunda parte concluirá aquí en 1419.

 O el compromiso que la aljama adquirió con el segundo señor de Feria, don Lorenzo II Suárez, y su esposa de regalarles cada año un marco de plata.

 La presencia de una aljama en Zafra es indicativo de un nutrido grupo de judíos, que de nuevo se vio incrementado tras el edicto de expulsión de los mismos en Andalucía a comienzos de 1483. Sus principales lugares de asentamientos intramuros de la villa hay que situarlos en torno a la plaza Pública, alrededores de la primitiva iglesia, y en la zona septentrional, es decir, en las calles que rodeaban la antigua ermita de Santa Catalina de Alejandría (hoy San José), y que en un documento de 1500, por el que se concede la venia papal para convertirla en parroquia, es denominada como sinagoga.

 

El poder económico de la judería zafrense no era nada desdeñable y como tal fue puesto a prueba en los diversos repartimientos que se efectuaron entre los años 1474 y 1491, parte de ellos destinados a sufragar las campañas de la guerra de Granada.

Pero esta convivencia quedó interrumpida bruscamente con ocasión del edicto de expulsión o conversión de 1492. Un grupo minoritario optó por convertirse y permanecer, mientras que la mayoría prefirió seguir profesando su religión y se marcharon, estableciéndose en lugares próximos del reino de Portugal.

 Sin embargo este alejamiento no fue muy duradero, pues en algunos casos, previa conversión, retornaron en 1494. Una vuelta en la que reclamaron les fueran devueltas todas sus pertenencias, pero esta era una demanda difícil de satisfacer y que no hallaría solución hasta el año 1498.

Ahora bien, la devolución del patrimonio no fue el principal problema al que debieron enfrentarse los nuevamente convertidos, sino a la Inquisición, quien desde Llerena velaba porque el bautismo de estos nuevos miembros fuese sincero.

Fruto de este celo fueron numerosos los condenados por el Santo Oficio, cerca de cuarenta, si bien algunos pudieron lavar este estigma mediante el abono de cierta cantidad de dinero.

 En las décadas siguientes, estos y sus descendientes consiguieron insertarse en la trama socioeconómica de la villa y poco a poco fueron borrando las huellas de su ascendencia. Pero no por ello abandonaron sus actividades, con lo que consiguieron dominar y controlar, como ocurriera antaño, el tráfico comercial, ya sea por medio de una humilde tienda, desde los grandes almacenes de los mercaderes o a través de la constitución de compañías comerciales que operaban tanto en el ámbito provincial o internacional. Ello permitió a esta burguesía comercial participar en el gobierno local y a sus hijos enviarlos a las universidades para emprender el camino de la alta política.

 Una decisión que incidiría en el devenir de este grupo, que poco a poco fue abandonando sus menesteres originales y adoptando las pautas de comportamiento de los cristianos viejos.

 En las primeras décadas del siglo XVII parece no quedar rastro de su ascendencia, buena prueba de ello es que los procesos en los que se vieron inmersos son meramente testimoniales, como el sucedido al zapatero Gonzalo Sánchez, que huyó de sus garras y se estableció en México, aunque para su pesar hasta allí llegaron los tentáculos del santo oficio de Llerena, donde acabó siendo condenado en 1574”. (*) 

(*)Educación y cultura en una villa nobiliaria: Zafra, 1500-1700

      José María Moreno González . Huelva 2014


A mi padre, don Alejo
y a mi madre, doña Juana,
y por gusto de padrinos
amí me llaman Leonarda.
He llegado a quince años
con regalo de mi casa,
dispusieron de casarme
con un mercader de Zafra;

Y yo les he respondido
que no me traten de nada,
que soy muy pequeña y niña
muy pequeñita y muchacha
y tengo mis ojos puestos
y entregadita a mi alma
en el más bizarro mozo
que pasea la Atalaya;

El mercader que lo supo
salió una noche de Zafra
para matar a mi amor
según la intención llevaba.
Y yo, como leona herida
y yo, como leona brava
me puse un vestido de hombre
salí por la puerta falsa;

Con mi caballo ligero
que corría que volaba,
di vueltas a la ciudad
y no pude encontrar nada.
Al fin le vine a encontrar
a la puerta de mi casa.
En el pecho le di un tiro
que a Dios le entregó su alma.

De allí me fui a Badajoz
sin reconocer ventaja
y cogí catorce ingleses
que de mí se embelesaban.
De que me ven tan valiente
por capitán me nombraban.
Ya camina el regimiento
que camina para Zafra.

He pedido alojamiento
para quedarme en mi casa.
Estando un día comiendo
la patrona me miraba:
-¿Qué me mira usted patrona
qué me mira usted a la cara?
-¿Qué quiere ustes, que le mire
que le mire yo a la cara?
que esos dos hermosos ojos
son de mi hija Leonarda.

-Levante la madre mía,
levante la madre amada:
Dígame uste, ¿don Alonso,
don Alonso dónde para?
-Don Alonso se metió
predicador en la Mata.

Siete años serví al Rey
siete sin ser en campaña,
siete me he de meter monja
al convento Santa Clara.
Ya camina el regimiento
caminan para llevarla
a meterla en un convento
entre tiros y descargas.

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Cante el cantor su copla de tal manera,
que al cantarla reviva su vida entera.

Hay cantores que lucen voces grandotas,

pero no cantan versos de pocas notas.

Y hay algunos que cantan mejor que otros,
pero todos los cantos son de nosotros. (*)

 

(*) ALFREDO ZITARROSA

CANTO A MI PUEBLO.VALVERDE DEL CAMINOmp4 from Andrés Romero on Vimeo.

Hasta que el pueblo las canta,
las coplas, coplas no son,
y cuando las canta el pueblo,
ya nadie sabe el autor.

Procura tú que tus coplas
vayan al pueblo a parar,
aunque dejen de ser tuyas
para ser de los demás.

Que, al fundir el corazón
en el alma popular,
lo que se pierde de nombre
se gana de eternidad.

                                              Manuel Machado

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De toallas y soldados

A José Antonio Romero

Formó pareja artística  promoviendo galas, entonces se  les llamaban “escomedias”, con Rosa Rite – Valero y la Rosa Rite – en las Escuelas Vicentinas, más tarde con Ildefonsita Fleming en las Salesianas, Candón, etc.

Ildefonso Valero-Ramoncito Mora- Juan Romero "Furrique"

Ildefonso Valero-Ramoncito Mora- Juan Romero “Furrique”

Con Pedro Lazo, Almeida,  Juan Batanero (Juanito el del “yamba”),  formaron la Orquesta Valero para amenizar la Sesión Vermout de   “la Goya”. Mediodias en el Católico como pianista, era un hombre orquesta que estaba siempre dispuesto a hacerle la vida agradable a los demás. Recuerdo una noche de ronda, él acompañando el coro de nuestros padres más toda la chiquillería, sentado al piano de la Goya en todo lo alto del carro de mula de  “la Culmen”, casa por casa hasta la madrugada.

Hizo una labor encomiable vendiendo por todo el pueblo los “sellos de la ermita”,  siendo también el responsable del alquiler de las túnicas de los nazarenos negros. Son miles las anécdotas aún recordadas de cada una de sus actividades altruistas siempre, su profesión era la de Cartero Mayor de Valverde. Por ello tenía el privilegio de que con tan sólo su firma en el sobre, la carta llegaba a su destino sin el preceptívo franqueo.

Cartero Mayor.I

Nuestra abuela Manolita, hermana de Ildefonso e Inés entre otros, enviudó muy joven por lo que tan  sólo salía a la calle a la plaza de abastos tras las misa del alba y para de contar. Se quedó en el Cine mudo del San Fernando.

Se trataban de ; “chachos”, cosa muy comun en aquellos tiempos. Siempre vivió con nosotros, ¡Señor dame fuerza para criar tanto machuco!, decía. El tío Ildefonso para nosotros era muy próximo, su presencia en casa era muy esperada, entre otras cosas era el paño de lágrima de nuestra abuela, encargado de recogerle las cartas que escribía su “chacha Manolita” a sus hijos Daniel y Hermana San Daniel.

Y, ahora viene el caso. Un día que llegó el tío Ildefonso a casa se encontró a su querida hermana disgustadísima; ¿Qué te pasa chacha? . Mira, mira lo que me ha pasado; ¿Recuerdas el paquete que me hicistes el otro día para mi chacha Obdulia (una intima amiga suya) con unas toallas de regalo para su hija que se casa?. Claro, claro que me acuerdo, y ¿qué ha pasao?. Que, ¿qué ha pasao?, que me las ha devuelto. ¡Será posible  !

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Ildefonso que las ensartaba al vuelo le preguntó…”Y ella a tí, ¿ que te regaló cuando lo del niño? . Espera que me acuerde. Ah!, ya, ya me acuerdo; ¡¡Aquellos soldaditos de plomo que está en la mesilla del recibidor!!.   A ver, a ver que los vea. ..”

soldados de plomo

“¿Tienes por ahí papel de envolver y papel de pegamento?; toma, aquí lo tienes. Ildefonso con toda su pericia envolvío uno a uno los soldados y con todos ellos un impecable paquete pero  antes de cerrarlo, en un tarjetón, con impecable caligrafía escribió;”

Querida amiga:

Me has devuelto las toallas, una  cosa tan precisa. Ahí te devuelvo los soldados, que este mes entran en quinta.

Tuya, Manolita

Ildefonso Valero. 1 noviembre 1967

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