Diego y Bola

Tarjeta de felicitacion Bola de nieve_

Fue Inés, la madre de un niño gordo (“Ay, Mama Inés” canción que le dedicó”) llamado Ignacio Jacinto Villa Fernández y al que todo el mundo conocería con el sobrenombre de Bola de Nieve.

Con Mamáquica, la abuela, y Domingo, el padre, la casa de Bola era, escribe Barnet, un modelo de cubanía; una casa aureolada por la figura ya legendaria de Inés Fernández, la alegre bailadora de rumba, cuentera maravillosa, amiga de músicos, escritores y pintores, anfitriona ejemplar de fiestas que terminaban siempre en una rumba de cajón, que empezaba en la cocina y se deslizaba por el patio atravesando las 11 habitaciones del inmueble. Es la madre la que inculca a Ignacio Jacinto la pasión por la música, mientras que de su padre, cocinero, hereda el gusto por la cocina cubana.

Carlos Varela, que escribe en una de sus melodías: «Y cuando cierran el Monseñor(*) / dicen que pasa algo raro / por las paredes se oye una voz / y tocan solas las teclas del piano». (*)Monseñor , en la Habana, fue el espacio preferido de Bola de Nieve para actuar.

«Yo quiero que me entierren en Guanabacoa», su ciudad natal, dijo en cierta ocasión a la prensa. Murió en Méjico en 1971 Sus restos se llevaron a Cuba y el pueblo los acompañó hasta el pequeño cementerio de su villa natal. «Con la melodía de su más popular canción de cuna —escribió Miguel Barnet—, el féretro descendió a la tierra cubana, pero quedó en el aire aquel timbre seco, aquella ronquera ancestral, aquel canto antiguo». Porque Bola de Nieve, lo dijo él mismo muchas veces, tenía voz de persona.

Diego

Diego era un ferviente admirador de Bola de Nieve. Cuando oimos su piano, la forma de tocarlo, el peñizquito que tiene en los pasajes cuando sentimos que “se gusta oir”, recuerda mucho al cubano. Es ahora Fernando, su hijo, a mi gusto mejorandolo incluso, el que nos recuerda a ambos cada vez que le oimos al piano.

Hace poco más de 10 años, agosto de 2002, Diego actuó por primera y única vez en el Teatro Municipal recién inaugurado de Valverde, le acompañaban “El Niño del Cordobés” junto con  Marcos y Fernando Romero, sus hijos. Es Fernando quién le acompaña al piano en esta magnífica y sentida interpretación de Diego  de la genial canción de Bola de Nieve; “No puedo ser feliz”.

Nuestro homenaje a la forma de ser, sentir, interpretar, cantar y…  morir. Siempre en el recuerdo, descansen en paz.

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