Cuando calla Sevilla, habla Triana.

Valverde en Triana

A principio de los años 60 del pasado siglo, en mi adolescencia me marché de Valverde a Sevilla para iniciar mis estudios de peritaje industrial en la escuela de la calle Niebla, en el barrio de los Remedios, junto a Triana,  para entonces a medio construir.

Mi padre me encomendó a un valverdeño muy trianero o más bien un trianero valverdeño; el Cura de Santana, así llamaba Triana a D. José Arroyo Cera sacerdote de los de bonete, sotana, capa y coronilla, como los de  antes,  que vívía en la calle Vazquez de Leca, enfrente y a la verita misma de la Iglesia de La Señá Santana, en la primera planta de la, entonces llamada, Casa Rectoral, 

 

D. José Arroyo, a su lado el Mudo
D. José Arroyo, a su lado el Mudo

D. José me buscó y recomendó a Ceferina, madre politica de D. Manuel Tocino (profesor de cuantos estuvimos en la Academia de Valverde) y durante algunos años fuí su huesped, con derecho a cama y lavabo, en la calle Pureza 125. Mis visitas a D. José eran frecuentes, en su compañía y la de su sobrina Salva (se llamaba Piedras Alba) que le cuidaba y vivía con él, echábamos buenas parrafadas sobre Valverde y El Villar (aldea de Zalamea la Real,  donde D. José comenzó su vida sacerdotal).

Allí, en la Casa Rectoral, conocí a un personaje entrañable, muy querido por el cura, que constantemente andaba de un lado para otro, del piso de arriba a la planta baja y de aquí a la iglesia; era Francisco Rodriguez Moreno;  “el Múo”, así le llamaba todo el mundo en Triana y Sevilla.

mudo

En 1968, en noviembre, murió D. José y a él, a Francisco, el Mudo de Santa Ana,  lo he seguido viendo en las procesiones de Gloria y  de Semana Santa, en Sevilla y en su Triana;  en el “Corpus Chico”, el Rosario, la Milagrosa de Triana, etc.

Siempre me reconoció, se le encendía el rostro; con su aire de ausente pero denotando cariño me gesticulaba recordándome al cura dibujando un circulo sobre su cabeza emulando el bonete de D. José.

Hacía mucho que no le veía y el otro día, a final de verano me acordé de él y entré en Santa Ana. Allí, nada más traspasar la verja y la puerta, a la derecha estaba sentado tras la mesa; cargado de llaves, observando, controlando el cepillo, entregando folletos, pendiente de cuanto se mueve dentro del templo, su casa.

¿Quién soy?, gesticulé preguntando y enseguida se le alumbró el rostro, se llevó la mano a la cabeza y dibujó el circulo que definía el rango y la personalidad (el bonete del cura) de su padrino y protector D. José Arroyo Cera, nuestro paisano. Le pedí permiso para grabarle, le faltó tiempo para sacar la cartera de su bolsa amarilla y mostrarme la foto de D. José, contento de alegría le explicó al sacristán quien era yo y la historia del Cura.

Captura de pantalla 2019-12-07 10.34.45

Del personaje del Mudo, mejor que yo habla mi amigo Paco Correal en el Diario de Sevilla, de el he tomado la frase que encabeza esta entrada:

Cuando calla Sevilla, habla Triana

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