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Archive for the ‘Habanera’ Category

La maldita costumbre de cantar (*)

“Un cura trajo a la Antonia

Y otro cura la tomó

Cada cual tenga la suya

Que también la tengo yo…”

Después de 1765 la copla superó en protagonismo al baile. Primero, se convirtió en instrumento de lucha de los bandos que pugnaban por el control de las elecciones de diputado y síndicos personeros del común. Más tarde, se volvió contra los responsables de su aterrizaje en la escena política. Quienes en su afán por dominar los municipios se habían valido de las cuadrillas para denigrar a sus opositores acabaron por convertirse un decenio más tarde en sus víctimas. Las letras de las coplas, consideradas hasta entonces medio necesario para denunciar los abusos de poder, devinieron “abominables atentados” contra la honorabilidad de la “gente de buena condición“. De ahí que quienes tocaban poder, asustados ante la posibilidad de convertirse en objetivo de las cuadrillas, se propusiesen acabar, no ya con la copla, sino con la “maldita costumbre de cantar”.

Las reformas de Campomanes convirtieron la canción popular en elemento de confrontación. La elección de los nuevos empleos dio lugar a la formación de grupos manipulados por oscuros personajes, “causantes de “graves escándalos entre los vecinos, disensiones y discordias”.

El voto se convirtió en una mercancía que se compraba con promesas de trabajo y regalo de productos de primera necesidad. El clero tuvo fuerte presencia en la manipulación de las elecciones. Algunos eclesiásticos se convirtieron en dueños de los pueblos y responsables de enfrentamientos políticos.

En 1768, Valentín González, un vecino de Jabugo, se querelló contra el presbítero José Romero “por haber movido graves escándalos … captando a electores de diputado de abastos y síndico personero para que eligiesen parciales de dicho eclesiástico … y fijar varios libelos difamatorios en las puertas de muchos vecinos (en los que) difamaban a las personas y familias más distinguidas en las cosas de mayor gravedad” (AOH Leg 316).

Don José, pariente de los alcaldes de la villa, fue “cabeza de bando” en las elecciones a diputados y síndico del común. Sus métodos diferían poco de los que utilizaron un siglo más tarde los caciques de la Restauración. Presionaba con argumentos morales a los vecinos para que decidiesen los electores “a su devoción”, facilitaba a los votantes papeletas con los nombres de sus candidatos y en ocasiones agradecía el voto con dinero o la condonación de deudas.

El cura fue autor de pasquines que fijaba en las puertas de sus opositores, “descubriendo defectos de sangre o vicios”. En esta tarea le ayudaba una cuadrilla de mozos con la que rondaba el pueblo de noche. El contenido de sus libelos era tan popular en Jabugo que “hasta los niños los publican”, una expresión que hace pensar en la utilización de menores para cantarlos. El querellante acusaba al clérigo de “haber encendido un fuego muy fuerte” y de dividir el pueblo en dos bandos.

En la década de los setenta, las cuadrillas, alertadas del poder de la copla, la emprendieron contra estos oscuros personajes. Una boda interesada o sus amancebamientos eran ridiculizados en sus letras y denunciados como exponentes de la sinrazón de “eclesiásticos y seglares distinguidos”. Las autoridades trataron de frenarlas con Autos de Gobierno y penas de prisión.

En 1773, Callejas, Cruz, Sánchez Moya, García Caballero, García de la Santa y Caballero Bolaños, eclesiásticos de Valverde, impresionados por el caso de una mujer a la que los mozos habían dedicado algunas “coplas ofensivas“, exigieron a Francisco de Solís, arzobispo de Sevilla, que reclamase a las autoridades más celo en la vigilancia de los “excesos“. El prelado no contestó la carta, una omisión que los eclesiásticos atribuyeron a sus numerosas preocupaciones. El último firmante del escrito, el vicario Caballero Bolaños, fue una de las primeras víctimas de “las abominables coplas“.

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El veinticuatro de octubre de 1773, los alcaldes de Valverde publicaron un bando precedido de algunas consideraciones sobre el malestar creado en el pueblo por los cantares:

De algunos días a esta parte han sido repetidas las quejas con que se han lamentado ante sus mercedes distintos sujetos de este pueblo de la primera distinción, así del estado eclesiástico como del secular, e igualmente varias mujeres honradas, mozas y casadas, pidiendo y suplicando se castigasen con las correspondientes penas a varios hombres de este pueblo que andan todas las noches por las calles públicas, desde prima noche hasta el día, en cuadrillas diversas de diez personas y aun de más, cada una cantando distintas y repetidas coplas incesantemente, las más abominables y escandalosas que jamás pueden haberse oído, lastimando en ellas atrevidamente a varios sujetos, con denominación de individuos, con la honra, nacimiento, vida y costumbres, así de señores eclesiásticos como de seglares distinguidos, mujeres casadas y doncellas, con cuyo motivo se halla el pueblo perturbado, escandalizado e inquieto clamando a una vez por el castigo de semejante atrevimiento y osadía a vista del temor y horror que les ha causado lo torpe de los cantares en que se han cometido muchos pecados públicos de que tanto se ofende la majestad de Dios Nuestro Señor y deseando Sus Mercedes evitar tan perjudiciales daños, que cesen tantas maldades, que no se originen otras malas consecuencias y que esta república goce de paz y quietud, acordaron publicar este Bando” (AOH Leg 525).

El texto endurecía extraordinariamente las penas. Toda reunión nocturna y callejera de más de dos personas era considerada delito, aunque se celebrase con fines “honestos”. Los cantares “torpes o deshonestos” fueron terminantemente prohibidos, incluso en privado.

Cualquier canción que denigrase el honor de las personas quedaba sujeta a la consideración de “copla indecente”. Particular atención mereció a las autoridades la tonada “del cundí” que había “lastimado tantos sujetos, créditos y honras”. A cualquier mozo que participase en las cuadrillas le aguardaba una sanción de diez ducados, una cifra alta comparada con las multas establecidas en los Autos de Gobierno anteriores. La misma sanción aguardaba a los padres que consintiesen a sus hijos cantar las coplas. A los que fomentasen las rondas de los mozos se les amenazaba además con la aplicación del Auto Acordado del Consejo de Castilla de cinco de mayo de 1766 y su reducción a “enemigos de la patria y su memoria por infame”.

La pena más grave, la prisión, se reservaba a las mujeres que interpretasen el cundí.

Finalmente, las autoridades amenazaban a quienes criticasen el bando con los castigos reservados a las cuadrillas. (AOH Leg 525)

Los principales destinatarios de las tonadas del cundí fueron los oficios de los cabildos y los miembros de la Iglesia. Algunos eclesiásticos llevaban un modo de vida incompatible con el estado clerical. Sus vicios, impropios de una institución que se presentaba como paradigma de la perfección moral, no podían quedar impunes. El desorden más extendido y escandaloso era el amancebamiento. Algunos curas vivían como si fuesen casados.

No era sin embargo la carne el único pecado. También los había que bebían en exceso, jugaban a los naipes, llevaban armas, traficaban, prestaban dinero y vivían de espaldas a sus obligaciones. Las cuadrillas se convirtieron en el azote de estos comportamientos. Sus miembros eran generalmente rudos hombres de campo que, ebrios de aguardiente, dejaban que desear y eran fácilmente manipulables. Compartían empero la necesidad de cambiar las cosas aunque no alcanzasen a vislumbrar que su lucha contra la sinrazón, menos estética que la de Goya, era igualmente eficaz y destructiva. Por ello las cuadrillas se convirtieron en verdugos sociales que actuaron, sin conmiseración, contra hombres y mujeres “honorables“. Muchos de sus miembros se vieron envueltos por ello en penosos procesos judiciales.

El más conocido fue el que el fiscal eclesiástico abrió a Francisco Caballero Bolaños, cura de Valverde, por vivir con Antonia, su criada, una moza zalameña de treinta años.

Ambos dormían en el mismo cuarto, aunque en camas separadas. Habitualmente salían a pasear los días de fiesta. Habían viajado juntos a Cádiz, Huelva, Manzanilla, La Rábida, Trigueros y aldeas de Valverde. Debido a la oposición de su padre, que comparaba su casa con “una sinagoga”, la sirviente se marchó a Zalamea pero regresó ocho días más tarde. El clérigo salió a recibirla al Pilar y la agasajó con alfajores y bizcochos.

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Las cuadrillas les daban “locajadas” al amanecer y se congregaban en su casa a cantar “las tonadas del cundí”.

Una noche el cura, cansado de sus desmanes, les disparó una perdigonada e hirió a tres mozos. Las autoridades se las vieron y desearon para evitar que quemasen la casa y dictaron un bando prohibiendo, una vez más, las coplas indecentes.

Se han conservado cinco de estas tonadas:

 

El cundí como es tan chulo

Me ha dicho al oído a mí

El vicario no es casado

Pero sí casi sí.

 

El padre vicario quiere

Que no le canten el cundí

Echa a la Antonia de casa

Y así se consigue el fin

 

Un cura trajo a la Antonia

Y otro cura la tomó

Cada cual tenga la suya

Que también la tengo yo

 

El caballo del vicario

Que buena surra merece

Camino de Zalamea

Cayó a la Antonia tres veces

 

Señor padre vicario

Eche Usted la moza fuera

Que el lugar se está abrasando

Y con poquita candela.

 

El cura valverdeño, en un tono culto e ilustrado, rechazó la acusación del fiscal. Durante su confesión, que se produjo en la cárcel de Sevilla, analizó el perjuicio que las coplas ocasionaban “a personas condecoradas de toda condición” y las dificultades con las que tropezaban las autoridades para controlar las cuadrillas. Su confesión fue un alegato del pensamiento ilustrado sobre diversiones populares:

 “En dicha villa ha habido de muchos años a esta parte y se presenta hoy la depravada costumbre de cantar coplas ofensivas a todo género de gentes, sin reserva, ni a los religiosos ni a los propios seculares ni a los justicias y capitulares, ni a las mujeres de honor, sean casadas o doncellas, y ahora con motivo de haber llegado allí una tonadilla que llaman el cundí, que está extendida no sólo por esta ciudad sino principalmente por todos los pueblos y que antiguamente se cantaba, según ha oído decir el confesante, se han excedido aquellos vecinos en tanto desafuero en los expresados cantares indecorosos a la estimación y crédito de todas las gentes que no han tendido forma de contenerlos ni por consejos saludables que les han dado, ni por reprehensiones que han hecho en el púlpito varios predicadores, entre ellos el confesante, ni por repetidos bandos que han publicado los justicias, ni por haber puesto en la cárcel a algunos vecinos por inobediencia.

 Y así es falso que tales coplas se hayan fomentado por el escándalo que se supone dado por el que confiesa pues las mismas o peores cantaban a las demás personas condecoradas de ambos sexos, sin haber dado tampoco motivo para ello, sino por ser propensión de aquellos que naturalmente de este modo satirizan a todos y como ellos son por lo común los que se ejercitan en esto una gente rústica, ociosa y de ninguna crianza y salen por lo común de ellos con más calor … no se paran en lo que cantan ni pueden reflexionar las continuas ofensas que hacen a Dios y los perjuicios que infieren a las personas a los que se dirigen y el uso que tienen en esto es ir de cuadrillas por las calles y se paran donde quieren y se ponen a cantar a las puertas, sea de la calidad que fuere, llevando muchas veces sobre un jumento un pellejo de vino del cual van bebiendo de rato en rato … Los nuevos justicias que han entrado este año han publicado bando muy riguroso prohibiéndolos bajo diferentes penas” (AOH Leg 525).

El largo proceso, más de dos años y más de doscientos folios, tuvo un desenlace inesperado habida cuenta del rigor con el que las autoridades trataban el amancebamiento.

La dialéctica del eclesiástico valverdeño, una acertada defensa, la deserción de algunos testigos del fiscal y los testimonios cualificados de su padre y de los oficios del cabildo, le valieron un pronunciamiento absolutorio y dejaron extendida la sospecha, compartida por el fiscal, de que la acusación había sido inducida por Antonio Ortega, otro cura de la villa, con el que el acusado mantenía abiertas discrepancias.

Había indicios para sospecharlo: Ortega había sido promotor de la actuación del fiscal y nunca había condenado el comportamiento de las cuadrillas. El propio ministerio público lo reconocía: “Nunca ha condenado el vicio, como los demás curas, antes bien ha procurado en cierto modo apoyarlo y defenderlo y los testigos de la sumaria parece que tenían alguna coaligación con él”. (AOH Leg 525)

Necesariamente debemos profundizar en el escrito del fiscal eclesiástico, un alegato de dieciséis folios, una extensión inusual para un trámite que normalmente ocupaba dos o tres, en el que desmontó uno a uno los cargos que pesaban sobre el acusado. Su supuesta “dama” era su prima y por ello lo llamaba, en público y privado, “Frasquito”. Su padre no sólo no la detestaba sino que la había criado como a una hija. Las personas que los habían visto juntos fuera de su casa siempre los habían encontrado en compañía de otras personas y nunca los habían hallado en situación de la que suponer el pecado de la carne.

 Al fiscal, pues, no lo quedaba otra alternativa que pedir su absolución: “Que se absuelva y de por libre al referido vicario, se le conceda licencia para el uso de sus empleos, reservándose su derecho para que use de él como le convenga”. (AOH Leg 525).

La calificación de los hechos no podía pasar por alto el asunto de las coplas. Lo que el fiscal Páez opinaba sobre la cuestión no era diferente de lo que había confesado Caballero Bolaños: “El uso de estos cantares es muy antiguo en Valverde y no se liberan de ellos las personas condecoradas de ambos sexos, ni aun los mismos justicias, y por esta razón padeció mucho el vicario antecesor del actual, sin haber dado causa alguna para ello, sino sólo por motivo del casamiento de una hermana suya … y dos testigos han dicho que desde que tienen uso de razón … han conocido cantarse coplas satíricas e injuriosas … y han oído a diferentes mozuelos cantar con insolencia” (AOH Leg 525).

La actuación de las cuadrillas fue objeto de investigación separada.

 Iniciaban el trámite tres documentos decisivos: Los Autos de Buen Gobierno de 1755, redactados por Montaner y Granado, alcalde y abogado de los Reales Consejos, los Autos de 1773 y el bando al que se ha hecho referencia anteriormente.

Los tres contenían claras advertencias a los mozos para que cesasen en sus excesos: “Que ninguna persona diga ni oiga cantares torpes ni deshonestos, ni eche equívocos provocativos, ni se den cantaleta, ni digan chansoneta, ni sátiras a mujeres, ni las acompañen en las romerías, lavaderos, fuentes … para evitar las graves ofensas que con semejantes motivos se da a la Majestad de Dios y remediar los perjuicios que han experimentado pena de proceder contra los transgresores conforme a lo dispuesto por las leyes de estos Reinos, según las circunstancias del delito” . (AOH Leg 525).

Por incumplimiento de las normas anteriores las autoridades la emprendieron contra los mozos que habían cantado las tonadas en la puerta de Caballero. De hecho fueron encarcelados al día siguiente, situación en la que aún permanecían cuando prestaron declaración ante el instructor del expediente.

Las manifestaciones del herrero Manuel Arroyo y de Antonio Prieto constituyen un testimonio de primera mano para la reconstrucción de los sucesos. La tarde de autos, acompañados de Vizcaíno y García Simón, después de beber en abundancia en la taberna de Ceferino, se sentaron en la Cruz de la calle La Fuente, cerca de la casa del cura, y entonaron el cundí, resultando heridos por los “granazos” de un tiro que atribuyeron al cura.

No fue el único proceso abierto a las cuadrillas. Una nota puesta al término del expediente reseñaba la condena de Pedro García Blanco y Antonio de Lorca por desobediencia a los Autos.

(*) De “Coplas, bailes y fandangos en los confines de Andalucia 1680-1808”. Juan Francisco Canterla González

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Qué bonito sería…

Por ejemplo, saber volar… 

Sería bonito, es bonito, ¡ son bonitas tantas cosas! . Nos empeñamos en mirarnos al ombligo, nos paramos a ver sin querer entender.

En estos días de descanso, de cambio de ritmo y… ¡ de tanta calor !, removiendo archivos me he encontrado con la grabación de una actuación de la que fue la primera hornada de “Triunfitos”, aquella excelente cosecha del 2002 de Operación Triunfo, la de Rosa López, Nuria, Chenoa, Bisbal, Bustamante, etc. etc. .Se trata del programa nº 9 en el que todos, ellas y ellos cantan con Rosario Flores, sintesis de la raza y esencia del arte de “los González Flores” ,  Sirena imponente, consecuencia de la fusión entre Faraona y Pescailla con Antonio Gonzalez por la femoral. 

Una a una, primero ellas, le van cantando a Rosario para tras, una “puesta en suerte”  central de Rosariyo, pasarle los trastos a ellos… y todos a coro… cantarle ” Qué bonito seria…” .

¡¡ AY, QUÉ BONITO !!

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Cante el cantor su copla de tal manera,
que al cantarla reviva su vida entera.

Hay cantores que lucen voces grandotas,

pero no cantan versos de pocas notas.

Y hay algunos que cantan mejor que otros,
pero todos los cantos son de nosotros. (*)

 

(*) ALFREDO ZITARROSA

CANTO A MI PUEBLO.VALVERDE DEL CAMINOmp4 from Andrés Romero on Vimeo.

Hasta que el pueblo las canta,
las coplas, coplas no son,
y cuando las canta el pueblo,
ya nadie sabe el autor.

Procura tú que tus coplas
vayan al pueblo a parar,
aunque dejen de ser tuyas
para ser de los demás.

Que, al fundir el corazón
en el alma popular,
lo que se pierde de nombre
se gana de eternidad.

                                              Manuel Machado

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VALVERDE DEL CAMINO. Tosantos 2006

Fue en Tosantos

El 1 de noviembre de 2006, viendo salir el paso con la Virgen del Reposo, tras la hora del Angelus, tras haber presidido la solemne misa de la Renovación del Voto de los Cabildos Municipal y Eclesiástico que desde 1756 viene celebrándose tras el desgraciado acontecimiento del Terremoto de Lisboa.

Junto a Elena, mi mujer, y Ana Maria, mi cuñada, me encontraba en la puerta de lo que antes fue “la Drogueria SUR, frente a la taberna del Cuquillo. Desde allí mi mirada, fijada en la veleta de la torre, fue bajando siguiendo el haz de luz que el sol lanzaba, paralelo al capitel, hasta el florido trono de la Virgen. Volvió  atrás mi vista, hacia arriba, hasta detenerse en la estampa que la silueta de una cigüeña posada sobre el “bolillo” del angulo izquierdo de la baranda que corona el campanario. 

Aquella imagen de la cigüeña, espectadora de excepción, en aquel momento tan extraordinario, me llevó a construir la historia que ahora en el vídeo les cuento… 

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Tres contradanzas, una habanera

 

Manuel Saumell (La Habana 1817-1870) “el de las contradanzas criollas”, español nacido en la Cuba española, hijo de catalán, considerado el autor de la primera habanera escrita; El Amor en el baile . 

Manuel Saumell

Manuel Saumell

Considerado uno de los mejores pianistas y compositor cubanos, inspirados en las músicas haitianas, escribió su primera habanera cuando contaba tan solo 16 o 17 años de edad. Inició su aprendizaje de la mano del alemán Juan Federico Edelmann, alemán que estableció la primera casa de música y compañía de ediciones musicales en la Habana . 

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Juan-Federico-Edelmann

Alumno del italiano Pyke quien le enseñó conocimientos de armonía, contrapunto, instrumentación y fuga. En las tertulias del taller de Edelmann conocío en 1854 al musico estadounidense Louis Moreau Gottshalk, uno de los más importantes músicos norteamericanos de su tiempo y un pionero en América  en la utilización y mezcla de la música popular en la muy europea música clásica. 

Louis Moreau Gottschalk

Louis Moreau Gottschalk

A mediados del siglo XIX La Habana y Nueva Orleans eran las ciudades de mayor intercambio cultural y comercial de la zona. Sus industrias azucareras estaban muy conectadas entre si y Gottschalk, que acababa de llegar de su formación europea repleto de recomendaciones para las autoridades de la isla, hacía su entrada a una ciudad que se vanagloriaba de recibir los mejores espectáculos que salían de Europa.

El conservatorio de la ciudad de la Habana lleva el nombre de Manuel Saumell.

Es por ello que hoy, visperas de la celebración en Valverde del VIII Certamen de Habaneras “Diego Romero Álvarez”, como reconocimiento a esas músicas de ida y vuelta, mestizaje musical de Africa, Europa e Hispanoamerica y a sus estudiosos, interpretes y compositores, traigo estas tres contradanzas del maestro Saumell.

 

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 Al pie de cien montañas

Mariví Mantero Castilla la presentó en el III Certamen de Habaneras “Diego Romero Álvarez ” siendo interpretada por el Coro infantil formado por alumnos de Colegio Público “Los Molinos” de cuyo claustro de profesores, ella forma parte. Desde entonces conservo la grabación, lo que me ha permitido escucharla en más de una ocasión. Me llamó la atención que la letra era un tanto insulsa, carente a veces de sentido.

 

 

“Al pié de cien montañas

que se alzan en derredor

y entre flores se eleva un pueblo

como nido de ruiseñor.

Solo respiran placer

y el alma sabe sentir

el corazón palpitar

y de ilusiones morir

Yo te adoro mujer

mi dicha y mi pesar

no me hagas padecer

calma mi  mal.

Mi alma enamorada

extasiada de loco afán

que buscaba  el amor en tus ojos

Como el oro busca el imán.

Solo mostrabas tener

tu magnética mirá…

para que el loco deamor

siempre te sabe adorar.

Eres de hielo mujer

y no tienes corazón

de mi eterno padecer

 ten compasión.

Calma mujer mi dolor

duélete de mi sentir

de tus labios de coral

oiga yo el sí. “

(Cancionero de Valverde. Luis Arroyo Valero. 1949)

Los cangueses hacen de esta habanera su himno.

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El 24 de febrero de 2011, el pleno municipal del concejo de Cangas del Narcea, por unanimidad acuerda instituir desde ese día la habanera ; “Al pie de cien montañas”, como himno oficial del concejo de Cangas. Hasta ese día y desde tiempo inmemorial venía interpretandose como himno oficioso que ponía  fin a todo típo de ceremonias, celebraciones  y fiestas de diverso  tipo entre grupos, especialmente las peñas.

La habanera se canta por los cangueses sin que se tenga constancia de su autor, su letra hace referencia a su situación geográfica y a la mujer canguesa. Cuando un cangués entona la primera estrofa de “al  pie de cien montañas” , es casi imposible que no se le  sume  el resto de la concurrencia.

 

Al pie de cien montañas
que se elevan alrededor
en el medio se encuentra Cangas
como un nido de ruiseñor…

 Todo respira placer
Si el alma sabe sentir
Y el corazón palpitar
Y de ilusiones vivir.


Tu que me adoras mujer
Mitigarás mi dolor
No me hagas más padecer
Calma mi amor.


No me lleves más de Cangas
En toda la vida
Mirarme a los ojos,
Mirarme a los ojos
De una canguesina.


No me lleves más de Cangas
Por compasión
Que una canguesina
Me ha robado el alma
Y el corazón.
(Bis)

Un poco sobre historia,  costumbres y fiestas de Cangas del Narcea.

 

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De toallas y soldados

A José Antonio Romero

Formó pareja artística  promoviendo galas, entonces se  les llamaban “escomedias”, con Rosa Rite – Valero y la Rosa Rite – en las Escuelas Vicentinas, más tarde con Ildefonsita Fleming en las Salesianas, Candón, etc.

Ildefonso Valero-Ramoncito Mora- Juan Romero "Furrique"

Ildefonso Valero-Ramoncito Mora- Juan Romero “Furrique”

Con Pedro Lazo, Almeida,  Juan Batanero (Juanito el del “yamba”),  formaron la Orquesta Valero para amenizar la Sesión Vermout de   “la Goya”. Mediodias en el Católico como pianista, era un hombre orquesta que estaba siempre dispuesto a hacerle la vida agradable a los demás. Recuerdo una noche de ronda, él acompañando el coro de nuestros padres más toda la chiquillería, sentado al piano de la Goya en todo lo alto del carro de mula de  “la Culmen”, casa por casa hasta la madrugada.

Hizo una labor encomiable vendiendo por todo el pueblo los “sellos de la ermita”,  siendo también el responsable del alquiler de las túnicas de los nazarenos negros. Son miles las anécdotas aún recordadas de cada una de sus actividades altruistas siempre, su profesión era la de Cartero Mayor de Valverde. Por ello tenía el privilegio de que con tan sólo su firma en el sobre, la carta llegaba a su destino sin el preceptívo franqueo.

Cartero Mayor.I

Nuestra abuela Manolita, hermana de Ildefonso e Inés entre otros, enviudó muy joven por lo que tan  sólo salía a la calle a la plaza de abastos tras las misa del alba y para de contar. Se quedó en el Cine mudo del San Fernando.

Se trataban de ; “chachos”, cosa muy comun en aquellos tiempos. Siempre vivió con nosotros, ¡Señor dame fuerza para criar tanto machuco!, decía. El tío Ildefonso para nosotros era muy próximo, su presencia en casa era muy esperada, entre otras cosas era el paño de lágrima de nuestra abuela, encargado de recogerle las cartas que escribía su “chacha Manolita” a sus hijos Daniel y Hermana San Daniel.

Y, ahora viene el caso. Un día que llegó el tío Ildefonso a casa se encontró a su querida hermana disgustadísima; ¿Qué te pasa chacha? . Mira, mira lo que me ha pasado; ¿Recuerdas el paquete que me hicistes el otro día para mi chacha Obdulia (una intima amiga suya) con unas toallas de regalo para su hija que se casa?. Claro, claro que me acuerdo, y ¿qué ha pasao?. Que, ¿qué ha pasao?, que me las ha devuelto. ¡Será posible  !

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Ildefonso que las ensartaba al vuelo le preguntó…”Y ella a tí, ¿ que te regaló cuando lo del niño? . Espera que me acuerde. Ah!, ya, ya me acuerdo; ¡¡Aquellos soldaditos de plomo que está en la mesilla del recibidor!!.   A ver, a ver que los vea. ..”

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“¿Tienes por ahí papel de envolver y papel de pegamento?; toma, aquí lo tienes. Ildefonso con toda su pericia envolvío uno a uno los soldados y con todos ellos un impecable paquete pero  antes de cerrarlo, en un tarjetón, con impecable caligrafía escribió;”

Querida amiga:

Me has devuelto las toallas, una  cosa tan precisa. Ahí te devuelvo los soldados, que este mes entran en quinta.

Tuya, Manolita

Ildefonso Valero. 1 noviembre 1967

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