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Archive for the ‘ANDALUCIA’ Category

Fue en “el Santo”

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De pronto, en un pis pas, el viento fresco de poniente se metió como un cañon de aire fresco proveniente del “Huerto Pelotas”, justo cuando el paso de la Virgen del Reposo apareció calle arriba del Cabezo del Molino,  camino iba ya del otro de los cabezos, el del Santo.

La noche de septiembre, del 12 de septiembre (esta vez sí) día de la Patrona de Valverde se fue tornando en Madrugá, en el Santo, sí y… de madrugada iba a producirse el histórico momento del encuentro. Justo entonces, tras andar el, sube y baja, entre cabezos, con los cercaos a mi derecha, llegué a la Ermita. Atrás dejé casas repletas de gente y luces.

Sólo, con mi cámara, ya dentro de la Ermita inicié mi tiempo de introspección (dicen que quien se mira hacia dentro despierta). Es, en ese momento, cuando hago mi composición de lugar, analizo las condiciones fisicas del lugar y monto mentalmente el “guión” de lo que va a suceder para, sobre la marcha después, ya grabando, desarrollar lo mentalmente “escrito”  .

Aquí partí de varias premisas para conformar el argumento de la crónica de lo que iba a suceder y que ahora en el vídeo les cuento.

  • La Procesión del Silencio de 1981, recogida en un vídeo.
  • Pregón de la Semana Santa de 1984 pronunciado por Diego Romero Pérez
  • Procesión de la Patrona 1988. Barriada del Santo
  • La vuelta a su Ermita del Señor del Santo el 27 de febrero de 2011. Vídeo “Luz del Santo”

Todo ello presente en mi mente, con recuerdos de gente “asomadas”, con el “Brocal del cielo” a rebosar, me dispuse a vivir lo después sucedido y ahora aquí contado.

Está vivido, como ya antes comenté; “en Negro”, es por eso que en todo momento me abstraigo, aunque también queda recogido a veces, de lo que pasa fuera de la Ermita y cómo pasa.

He procurado ambientar musicalmente esta crónica del modo y manera a que me gustaría fuese preparada y puesta en escena, conforme a lo aprendido y admirado a lo largo de mi vída.

Como dice un programa de televisión; “Esta es mi propuesta, suya son las conclusiones…” . 

Feliz Puente de Tosantos a todos.

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carmen-caballo

José Manuel Rodríguez Gordillo defendía la profundidad de una novela “sobre la que se ha escrito poco y casi nadie ha leído”. La Carmen de Merimée va mucho más allá de una “orgía castiza y frívola de bandoleros y gitanas”. Gordillo acusa a Georges Bizet de suavizar las asperezas de la novela para no espantar a las élites francesas de 1875. “En la ópera, a Carmen le quitan todo su lado erótico, atractivo y fascinante y la convierten en una gitana vulgar que busca la libertad pero no transgrede, no usa a los hombres”, escribía.

Según el historiador, que defiende las raíces ajustadas a la realidad de una nación destrozada tras la Guerra de la Independencia que Merimée reflejó a la hora de escribir su novela, “los españoles convertimos a Carmen en una buscadora de la libertad, cuando en realidad se trató de la primera proletaria que hace con los hombres lo que hasta ese momento hacían los hombres con las mujeres”.

Su libro Carmen. Biografía de un mito, con el que ganó el premio Antonio Domínguez Ortiz de biografías, es un trabajo que ahonda en las raíces históricas del personaje, y en el recorrido vital de Merimée, con la intención de despojar a Carmen de todos los tópicos e invenciones que se le añadieron después.

José Manuel Rodríguez Gordillo, durante muchos años director del archivo histórico de la Real Fábrica de Tabacos de Sevilla, falleció el pasado 31 de julio en Sevilla a los 73 años.

Leer más: http://www.lavanguardia.com/obituarios/20150803/54434729534/jose-manuel-rodriguez-falso-mito-carmen.html#ixzz3kyVMIjns

“La Carmen”,  Opera de Cornetas y tambores de la Cuadra de Sevilla que, entre ensayos y representaciones, más de cuarenta en las principales Plazas de Toros de España (Sevilla, Ronda, Antequera, Málaga, Granada, Almeria Huelva, Ciudad Real,  Aranjuez, Toledo, Santander, Salamanca, Vitoria, Tarragona,etc) , sur de Francia (Bayona)  y Portugal (Estoril) más veces oí en directo ya que fui responsable de la producción (Escenario, iluminación, sonido y generadores) de las Giras de 1999,2000, 2001 y 2002. Es por ello que, sobre todo “su habanera”, la tuve durante años en mi cerebro.Era una de las dos partes de la obra en la que las Cornetas de la Banda de las Tres Caidas de Triana, dejaban paso a la deliciosa melodía grabada,  cantada en francés y reproducida en playback.

Carmen huelva

Traigo por último una versión, no de las mejores, pero sí espectacular y con subtítulos en español de la “Habanera”, interpretada por la orquesta de André Rieu con Carmen Monarcha como solista.

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REGNE DE VALÉNCE-Coplas

LA ALAMEDA DE VALENCIA

La renovación barroca del Intendente don Rodrigo Caballero .

 Don Rodrigo Caballero, para sus paisanos valverdeños siempre fue identificado como quien promovió y mandó construir la Plaza Mayor de Salamanca. Iniciativa más que suficiente para ser recordado y tenido en cuenta en la historia de España por siempre, sin embargo no fue ni la primera ni mucho menos la única en importancia de las obras inspiradas y promovidas por nuestro noble paisano a lo largo de toda su dilatada carrera como alto funcionario primero y político que ocupó cargos de la máxima responsabilidad en los círculos de poder de la Corona coincidiendo con la instauración de la dinastía de los borbónes.

LA ALAMEDA DE VALENCIA-4

La Alameda de Valencia

Ante la situación “respecto de lo pobre, aniquilada y destruida que se halla esta ciudad y sus vecinos, sus bolsas tan exaustas, sin propios como las demás ciudades de Castilla y los demás arbitrios  tan poco valerosos que los acrehedores experimentan un sumo retraso” (1), el Intendente Rodrigo Caballero, que además ostentaba el cargo de Corregidor y administrador de las rentas de propios y arbitrios de la ciudad desde el 0cho de enero de 1713, decide acometer una gran obra pública que mitigue la gran secuela de la Guerra de Sucesión,  en una ciudad arruinada y “en tiempo en que los pobres no tenían en que ganar un jornal”, en palabra del propio Intendente.

Había que hacer notar que se trataba de la primera obra pública de los borbones, es la  renovación formal de parte del trazado previo de  la Alameda, al que se añade un segundo óvalo en el otro extremo, poniendo el máximo empeño en el aspecto suntuario. Políticamente concebida como una vía triunfal de la nueva monarquía borbónica cuyos triunfos se alzaban sobre una ciudad sometida por las armas, aunque rápidamente mostró su fidelidad al nuevo monarca Felipe V.

El 13 de abril de 1713 el Intendente don Rodrigo Caballero manda un auto al consistorio valenciano mostrando sus deseos de “replantar y acudir al ornato público” , para lo que manda al ayuntamiento, que sin tocar los caudales de la ciudad se prevea ” todo lo necesario para poner en execución la planta que para este fin ha executado por medio del mismo Lorenzo Llop para que en la luna menguante de henero del año próximo venidero se planten los álamos blancos,  todos los que falten en dicha Alameda  y se forme el segundo  obalo a la parte de abajo a correspondencia”.

En enero de 1714, con un nuevo impuesto sobre la nieve y las sisas de la carne, se inicia la replantación del paseo. Finalizada esta replantación del arbolado, el Intendente dá nuevas ordenes a Lorezo Llop el 28 de junio de 1714 para que “allanase, terraplenase y hiziese hacer de piedra otro obalo  a la salida de la Alameda y paseo  público como el que está a la entrada de ella, e hiziese abrir las azequias  para que corriesen las aguas”.

Mandó construir la Ermita de la Soledad (hoy por desgracia desaparecida). Al mismo tiempo se levantan la torres gemelas de San Felipe y Santiago. Llamadas “las Torres de los Guardas” orque estaban destinadas a dar albergue a los arrendatarios de los huertos de la Alameda quienes, además de cultivarlos, estaban obligados a mantener el buen estado del paseo.  El tejado de cada una tiene forma piramidal recubierta de tejas vidriadas azules. En la fachada lucen los escudos de las familias más influyentes  que simbolizan el carácter aristocrático de la nueva Valencia borbónica.

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Don Rodrigo Caballero mandó grabar sendas lápidas conmemorativas en lo alto de las torres, en las que reza con letras capitales romanas la siguiente inscripción; “Reinando en las Españas Felipe V , el Animoso, mandó hacer estas torres, estos jardines y restablecer la publica recreación de este paseo don Rodrigo Caballero Yllanes, Caballero del hábito de Santiago, del Consejo de su Majestad y Superintendente General de Justicia, Policia, Guerra y Hacienda de este Reino de Valencia. Año 1714”   

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Escudo Real y lápida conmemoratíva.

(1)A.M.V. Libro Capitular de 1715.Sig D17, fols 25-31.

Las  Coplas de la  Alameda probablemente fueron instrumentalizadas por las autoridades, o, cuando menos, contaron con su beneplácito. Esto ha favorecido seguramente que hayan tenido una mayor difusión y pervivencia en la posteridad, y que incluso llegaron en parte a la imprenta. Josep Maria  Zacarés en el semanario El  Fénix (*núm. 9, 1-XII-1844) insertaba una de las poesías que, según él, “se publicaron entonces con motivo de dicha obra,” intitulada A la capilla  y ermita de la Virgen María de Soledad, construida por el  sinyor Don Rodrigo Caballero  Yllanes, mariscal de  campo de los  eixèrsits de Sano  Machestat, de la orden de Siendo Yago, del Consejo de la Guerra  y  correchidor  e intendente de esta ciudad, que dice así:

“Allá en  Valènsia,

bajo las murallas,

han hecho un prodichi

 digno de contar.

 Han hecho dos torres

y una Alameda,

que más  hermosa no se puede encontrar.

 Allí  à rosas,

 flores,  clavelines,

 malvas marinas

  y estrellas del mar.

  Y una  ermiteta

de piedra picada,

 qu·és dedicada a Soledad,

 y a  Chesucrist,

rey de la Gloria,

para memoria

de todos los cristianos

En realidad, se trata de una versión reducida con variantes, de las *Coplas de la  Alameda” manuscritas, la cual muestra que este poema debió de conocer una notable difusión, y circularía, con variantes, a través de copias manuscritas, y probablemente también de la transmisión oral, e incluso llegó, al menos en parte, a la imprenta.

Por su parte, las  Décimas a Don Rodrigo  Cavallero, de carácter satírico, conocidas sólo en versión manuscrita, reflejan más sinceramente el pensamiento de una gran parte de la población valenciana, que tuvo que sufrir las cargas impositivas del intendente y del nuevo régimen borbónico.

Las  Coplas de la  Alameda son una descripción encomiàstica de la belleza de la Alameda, después de la reforma de Caballero, con las torres gemelas de Santo Felip y Santiago, las bolas ornamentales, los bancos y los jardines, plenos de árboles, de flores y de hortalizas, que dan un aspecto ideal al conjunto, que recuerda la poesía de ambiente bucólico.

El autor se refiere también a las calles del paseo, por donde pasean las damas, así como a las estatuas de mármol blanco de Felip V, de su esposa Isabel de  Farnesio y de Lluís I, situadas sobre columnas de jaspe, y a los escudos heráldicos de Felip V, de la ciudad de Valencia, del capitán general marqués de Villadarías, del intendente y del gobernador, que  ornaven las torres.

Hace referencia a la ermita, donde se ubicaba la Virgen, y dónde también estaban representados el intendente Caballero y su esposa.  Del santuario salía el calvario, que lo enlazaba con el convento vecino de San Juan de Ribera.

Acaba la composición con la petición de un ruego por la gloria del autor de toda esta obra.

Desde el punto de vista métrico, las *Coplas de la *Alameda están formadas por versos *anisosil·làbics, con predominio de los *pentasíl·labs, de rima *asonant, y algunos blancos, a la manera de una canción popular.

Coplas de la Alameda

Allá en Valencia,

cerca de las murallas,

  han hecho un prodigio

digno de contar.

Más han hecho dos torres

 en una Alameda,

cosa tan bella

 que no se puede encontrar,

 en sus *banchs;

 para mí las bolas,

  todas de bolas,

que hace un grande mirar.

 Y en los jardines,

 que antes eran ramblas,

 todo de  mundícia,

 y de *chunqueres

 ahora plantado,

 de rosas, clavellines,

 malvas marinas

 y estrellas del mar.

 Más  hy  à  toronchers,

 y muy buenas limas,

 bachoques finas,

 melones de todo el añy.

 Y à un almeler

 que hace la flor blanca,

 y lo mangraner

 la tiene que coronar.

 Más y à cuatro

 habres de fruyta

muy rica;

 para ser  exquisita,

no se puede nombrar.

 Más y à hun moraduyx.

Que han hecho unas armas

 del grande Fylip  Quint,

 rey nòstron señor,

  las de Valencia,

 las de Villadaries,

  de Don Rodrigo  y el gobernador.

Y en la Alameda,

 

el rey y la reyna,

y a la  atra banda

el grande Luís primero.

 

Y  à un  paseyg (paseo)

de todas las damas,

que, muy  ufanes,

van por  los corredores.

Y  à una hermita

de piedra picada,

donde es colocada

ab muy grande delgadez

Nuestra Señora

de Dios  maculada,

de Dios nombrada

Verche (Virgen) de Dolors.

 

Es Don Rodrigo

lo de esta obra,

a Dios en gloria,

 lo ningún  y el autor.

 

  Y en esta  hermiteta,

 que está bien claustrada.

 Está muy retratada

también su mujer,

 y en la otra banda

 la toma en pedido

 de una pintura  

de dicho Caballero.

 

 Y à un pohuet freshc,

 en puals de cocer,

en una cadena

 que lo hace puchar.

 Más  hay un calvario

 fabricado de piedra;

 pasos en regla

 de lo que pasó Dios Jesuchrist,

 grande Rey de la Gloria,

 para memoria

de todo hombre  christià.

 Y en el año catorce,

 Contando de siete-cien,

se puso el fundamento

 a lo que (…),

Más en el  año  

pasado quedó concluïda

esta partida

en todo lo demás.

 Ruéguenle  ahora,

 para memoria,  

dando a Dios gloria

 a quien tal à hecho.

Un tono muy diferente tienen las  Décimas a Don Rodrigo Cavallero, que son una sátira de este personaje.El valverdeño Rodrigo Caballero Illanes (1663-1740), llegó a Valencia, como dice Ortí y Mayor (*Escartí, 231), la noche del 23 de julio de 1707, procedente de Madrid, para ejercer el cargo de alcalde del crimen del tribunal superior de justicia o  Chancilleria.

El año 1711 fue nombrado intendente de Valencia, cargo que ejerció con mano dura hasta el 1717, cuando fue trasladado a Cataluña como nuevo intendente del Principado, a raíz de sus enfrentamientos con el vicario general Jacinto Ortí, que incluso le ocasionaron la excomunión. A partir de 1713 se encargó también de la administración de las rentas municipales de Valencia, después de la absorción en el cargo de Intendente de la  superintendència general de rentas reales. Por lo tanto, asumió las competencias vinculadas a la justicia, a la policía y a la hacienda. Y en este sentido, va a ser un personaje muy impopular, e incluso odiado, por su firmeza a mantener la militarización de la Administración valenciana, sobre todo como responsable del cobro de los numerosos y cuantiosos impuestos de nueva creación, función en la cual se mostró inflexible.

La nueva fiscalidad, fundada sobre el modelo castellano, y contrarias a las tradiciones valencianas, incrementó de forma notable la presión impositiva, a la cual se unían los gastos ocasionados por el alojamiento de las tropas castellanas. Todo esto provocó un sentimiento de descontento generalizado entre los valencianos y el surgimiento de conflictos.

En la resistencia a la reforma de la fiscalidad, como hemos contado en otro escrito,  se significó el estamento eclesiástico que, amparándose en la inmunidad eclesiástica, se mostró firme en la defensa del sistema impositivo foral, lo cual le supuso frecuentes enfrentamientos con Don Rodrigo.

El poema, obra probablemente de un clérigo, toma como eje vertebrador la fundación de la ermita de la *Soledat por parte del Intendente. Este hecho, en un personaje que se distinguió por los enfrentamientos con el clero, está considerado como una acción hipócrita y propia de su vanidad. Además, se le reprocha la fundación de un lugar sacro y de oración junto a la Alameda, espacio destinado a la diversión y el esparcimiento profano y galán. Además de hipócrita, el poeta lo acusa de ladrón, de haber fundado la ermita valiéndose “de *lo que has *podido *hurtar.”

Ermita de la Soledad

Ermita de la Soledad

Los valencianos, de hecho, estaban muy sensibilizados con esta cuestión, puesto que a menudo tuvieron que sufrir las arbitrariedades y abusos de las nuevas autoridades castellanas.  También incide el poema en los agravios al estamento eclesiástico, y en la inflexibilidad impositiva del Intendente, por lo cual el autor lo califica de tirano y cruel en la recaudación de los impuestos, sin apiadarse de la pobreza y necesidades de los valencianos. No podemos olvidar el descontento que provocó la renovación de la Alameda entre una buena parte del pobre pueblo, puesto que esta obra supuso un incremento de los impuestos, para hacer frente a las 18.658 libras que costó la reforma, cantidad extraordinariamente elevada para la época. De hecho, algunos exaltados expresaron su malestar rompiendo las pirámides del paseo.

Décimas a Don Rodrigo Cavallero, yntendente que fue de esta ciudad.

 

Hipócrita santurrión,

hermitaño sin conciencia,

que desuellas a Valencia,

sin ley, justicia y razón.

¿Cómo quieres el perdón,  

usando de tu impiedad,

con la mayor crueldad?

No pienses en el rosario, 

en un paraje tan vario,

y proprio de vanidad. 

 

GLOSA

 

Por más que fundes hermitas,

queriendo al mundo engañar,

jamás lograrás orar

tus maldades infinitas.

 

En vano, pues, solicitas, 

con capa de santidad,

te tengan estimación,

conforme tú mismo quieres,

pues sabe Valencia que eres

hipócrita santurrión.

 

Dizen que ya arrepentido,

contrito y desengañado,

vivir has determinado,

y esta voz has esparcido 

dentro y fuera de Valencia, 

con que, en esta inteligencia,

Cavallero no te aclamen,

porque ya todos te llamen

hermitaño sin conciencia.

 

Nadie pudiera negar 

ser la hermita bien fundada,

si ella no fuera labrada

de lo que has podido hurtar.

Y assí, si juzgas ganar

aplausos en tu  opulencia, 

ten por segura advertencia

quantos baldones te den,

pues para tu coste ven

que desuellas a Valencia.

 

Porque cómo podía ser 

de que sólo a tus expensas

fabricases tan immensas

hobras, que se pueden ver,

sino procurando hazer

el cañipodios a montón,

valiéndose tu ambición

de las generalidades,

ciudad y otras maldades,

sin ley, justicia y razón.

 

Puede tanto tu maldad 

que de la mitra mayor,

siendo tú administrador,

te vales en propriedad;

luego, si aquesto es verdad,

que a lo sagrado atención 

no muestras con tal acción,

y robas con tanto anelo,

¿de la Virgen y del Cielo,

cómo quieres el perdón?

 

Todo el reyno está aclamando, 

viéndose en tanta pobreza,

y a Dios, con suma tristeza,

divino auxilio implorando.

Todos, en fin, van llorando

su extrema necesidad,  

pues causa la ynequidad

de quarteles su quebranto,

pero tú está[s] en ese llanto

usando de tu impiedad.

 

Eres hombre tan tirano,  

tan cruel, que ni en Nerón

tienes tú comparación,

con él ser más insinuado.

Consuelo de ti es en vano,

pedírtele es necedad,  

pues con grande vanidad,  

sobervio, al pobre desprecias,

y en el proceder apremias

con la maior crueldad.

 

Para más solemnidad,  

a los nobles  conbidastes

y tú el rosario rezastes,

no sé si con vanidad,

que, apurada la verdad,

¿quién juzgará lo contrario?,  

donde, aunque se ve un calvario,

también damas pasear;

si a su vista has de rezar,

no pie[n]ses en el rosario.

 

¿Devoción y diverción  

quién pudo haver hermanado?

Sólo tú, hombre malvado,

las pones sin distincción.

No aya miedo que esta acción

aga yo en ese calvario,  

si en otro más solitario,

donde no haya que peligrar,

como en aquel, por estar

en un parage tan vario.

 

Por las armas que has fixado,  

tuyas y de tu muger,

en los nichos, llego a ver

que eres hombre muy honrrado,

pero aquesto era excusado,

ya que por tu calidad

no la ignora esta ciudad,

como porque es gran locura

y proprio de vanidad.

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De; Poemes burlescos, satírics, laudatoris i de disbarats en un manuscrit valencià del segle XVIII

Joaquim Martí Mestre

 

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Luis XIV, proclama a Felipe de Anjou el 16 de noviembre de 1700 como nuevo rey de España

Los cambios introducidos por la nueva monarquía eran fundamentales; supresión de los Fueros y las cortes de Aragón y Valencia (1707) y decreto de Nueva Planta, 16 de enero de 1716 en las Instituciones catalanas por el apoyo al Archiduque austriaco Carlos en la guerra de Sucesión; supresión de los consejos de la monarquía y creación, en 1714, de secretarias de despacho (Hacienda, Estado, Gracia y Justicia, Marina e Indias y Guerra), creación de la Armada Real, impulso a la Educación , creación de las Academias, las Reales Fábricas, etc. Obteniendo los mayores éxitos que afianzaron la continuidad borbónica a partir de 1726-1736 con el ministro José Patiño protector de Don Rodrigo Caballero.
REGNE DE VALÉNCE.excomunion

Sobre la Cartuja de Ara ChristiEn el año 1656 el rey Felipe IV le concede el título de Real, y la vida en la cartuja de Ara Christi fue transcurriendo tranquilamente, con excepciones como la Guerra de Sucesión donde los cartujanos se alinearon al bando austracista (anti Borbón).

Historia Constructiva de la Cartuja de Ara Christi-56

Es poco conocido el conflicto surgido entre la Cartuja de Ara Christi y el Mariscal de Campo y Superintendente del Reino de Valencia Don Rodrigo Caballero  Yllanes, que llevó a la excomunión de aquel noble valverdeño, hombre de confianza en los gobiernos de Felipe V.

Don Rodrigo, nos vendrá al recuerdo cada vez que pasemos por la Alameda y miremos hacia las dos torres para la guardia (“Las Torres de los Guardas”) mandadas construir por este noble valverdeño, político borbónico, que fue el impulsor de la construcción del paseo barroco de la Alameda, Albareda para los valencianos.Volveremos en otro momento a hablar de este paraje.

LA ALAMEDA DE VALENCIA-4-2

Fue en 1717 cuando los guardias de la renta (policía de aduanas) sorprendieron y apresaron en la playa de El Puig un carro de la cartuja de Ara Christi que había sido cargado con sal de contrabando procedente de un barco inglés fondeado aguas adentro.

LAS CARTUJAS VALENCIANAS Y SUS PERSONAJES HISTÓRICOS

Los guardias apresaron a los carreteros y llevaron el carro a Valencia, donde don Rodrigo hizo encarcelar a los mozos y los condenó a ser azotados. Los frailes cartujanos alegaron tener inmunidad ante la autoridad civil y pidieron protección al vicario general del Arzobispado, ya que estaba ausente el arzobispo Folch de Cardona, huido de Valencia por su tendencia antiborbónica y pro Archiduque Carlos.

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arquebisbeantonioEl vicario episcopal, Jacint Ortí,  también contrapuesto a las autoridades del nuevo gobierno de Felipe V, atendió el recurso de los cartujos y tras oír la opinión del fiscal, amenazó al Superintendente con decretar la excomunión contra él, si en tres horas no ponía en libertad a los trabajadores de la cartuja y devolvía el carro de sal a los religiosos.

Don Rodrigo hizo valer su calidad de caballero de la Orden de Santiago ante la Audiencia, la cual pidió al vicario que se inhibiese, pero éste dio por mal planteado el asunto y publicó desde el púlpito de la catedral la excomunión del Superintendente, fijando el edicto en la tablilla que al efecto estaba en la capilla catedralicia de San Pedro, situada junto a la que en la actualidad alberga el Santo Cáliz.

La Audiencia volvió a instar al Vicario General para que revocase la excomunión, amenazándole con exiliarlo e incautarse de las rentas del Arzobispado, pero el Vicario General lanzó una nueva excomunión contra todos aquellos que obstaculizaran el ejercicio de su autoridad.

El asunto llegó al Consejo Supremo de Castilla y pronto, tres escuadrones de caballería llegaron a los domicilios del Vicario episcopal y otros cuatro canónigos, rodearon las casas y se les notificó su expulsión de España. Don Rodrigo, que seguía sin mostrar intención de entregar a la Cartuja el carro y las mulas, ni de sacar de la cárcel a los criados, solicitó al nuncio de Su Santidad que se le levantara la excomunión, que tanto daño podía hacer a su carrera política, y al mismo tiempo,  desde Francia, el Vicario General y los cuatro canónigos pedían al Rey su indulto.

Ambas mercedes fueron concedidas dos años después y el contencioso acabó con una comida en Barcelona a la que el Superintendente invitó a los cinco canónigos.

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Foto. Escudo de armas de D. Rodrigo Caballero

Valencia. LA ALAMEDA

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La maldita costumbre de cantar (*)

“Un cura trajo a la Antonia

Y otro cura la tomó

Cada cual tenga la suya

Que también la tengo yo…”

Después de 1765 la copla superó en protagonismo al baile. Primero, se convirtió en instrumento de lucha de los bandos que pugnaban por el control de las elecciones de diputado y síndicos personeros del común. Más tarde, se volvió contra los responsables de su aterrizaje en la escena política. Quienes en su afán por dominar los municipios se habían valido de las cuadrillas para denigrar a sus opositores acabaron por convertirse un decenio más tarde en sus víctimas. Las letras de las coplas, consideradas hasta entonces medio necesario para denunciar los abusos de poder, devinieron “abominables atentados” contra la honorabilidad de la “gente de buena condición“. De ahí que quienes tocaban poder, asustados ante la posibilidad de convertirse en objetivo de las cuadrillas, se propusiesen acabar, no ya con la copla, sino con la “maldita costumbre de cantar”.

Las reformas de Campomanes convirtieron la canción popular en elemento de confrontación. La elección de los nuevos empleos dio lugar a la formación de grupos manipulados por oscuros personajes, “causantes de “graves escándalos entre los vecinos, disensiones y discordias”.

El voto se convirtió en una mercancía que se compraba con promesas de trabajo y regalo de productos de primera necesidad. El clero tuvo fuerte presencia en la manipulación de las elecciones. Algunos eclesiásticos se convirtieron en dueños de los pueblos y responsables de enfrentamientos políticos.

En 1768, Valentín González, un vecino de Jabugo, se querelló contra el presbítero José Romero “por haber movido graves escándalos … captando a electores de diputado de abastos y síndico personero para que eligiesen parciales de dicho eclesiástico … y fijar varios libelos difamatorios en las puertas de muchos vecinos (en los que) difamaban a las personas y familias más distinguidas en las cosas de mayor gravedad” (AOH Leg 316).

Don José, pariente de los alcaldes de la villa, fue “cabeza de bando” en las elecciones a diputados y síndico del común. Sus métodos diferían poco de los que utilizaron un siglo más tarde los caciques de la Restauración. Presionaba con argumentos morales a los vecinos para que decidiesen los electores “a su devoción”, facilitaba a los votantes papeletas con los nombres de sus candidatos y en ocasiones agradecía el voto con dinero o la condonación de deudas.

El cura fue autor de pasquines que fijaba en las puertas de sus opositores, “descubriendo defectos de sangre o vicios”. En esta tarea le ayudaba una cuadrilla de mozos con la que rondaba el pueblo de noche. El contenido de sus libelos era tan popular en Jabugo que “hasta los niños los publican”, una expresión que hace pensar en la utilización de menores para cantarlos. El querellante acusaba al clérigo de “haber encendido un fuego muy fuerte” y de dividir el pueblo en dos bandos.

En la década de los setenta, las cuadrillas, alertadas del poder de la copla, la emprendieron contra estos oscuros personajes. Una boda interesada o sus amancebamientos eran ridiculizados en sus letras y denunciados como exponentes de la sinrazón de “eclesiásticos y seglares distinguidos”. Las autoridades trataron de frenarlas con Autos de Gobierno y penas de prisión.

En 1773, Callejas, Cruz, Sánchez Moya, García Caballero, García de la Santa y Caballero Bolaños, eclesiásticos de Valverde, impresionados por el caso de una mujer a la que los mozos habían dedicado algunas “coplas ofensivas“, exigieron a Francisco de Solís, arzobispo de Sevilla, que reclamase a las autoridades más celo en la vigilancia de los “excesos“. El prelado no contestó la carta, una omisión que los eclesiásticos atribuyeron a sus numerosas preocupaciones. El último firmante del escrito, el vicario Caballero Bolaños, fue una de las primeras víctimas de “las abominables coplas“.

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El veinticuatro de octubre de 1773, los alcaldes de Valverde publicaron un bando precedido de algunas consideraciones sobre el malestar creado en el pueblo por los cantares:

De algunos días a esta parte han sido repetidas las quejas con que se han lamentado ante sus mercedes distintos sujetos de este pueblo de la primera distinción, así del estado eclesiástico como del secular, e igualmente varias mujeres honradas, mozas y casadas, pidiendo y suplicando se castigasen con las correspondientes penas a varios hombres de este pueblo que andan todas las noches por las calles públicas, desde prima noche hasta el día, en cuadrillas diversas de diez personas y aun de más, cada una cantando distintas y repetidas coplas incesantemente, las más abominables y escandalosas que jamás pueden haberse oído, lastimando en ellas atrevidamente a varios sujetos, con denominación de individuos, con la honra, nacimiento, vida y costumbres, así de señores eclesiásticos como de seglares distinguidos, mujeres casadas y doncellas, con cuyo motivo se halla el pueblo perturbado, escandalizado e inquieto clamando a una vez por el castigo de semejante atrevimiento y osadía a vista del temor y horror que les ha causado lo torpe de los cantares en que se han cometido muchos pecados públicos de que tanto se ofende la majestad de Dios Nuestro Señor y deseando Sus Mercedes evitar tan perjudiciales daños, que cesen tantas maldades, que no se originen otras malas consecuencias y que esta república goce de paz y quietud, acordaron publicar este Bando” (AOH Leg 525).

El texto endurecía extraordinariamente las penas. Toda reunión nocturna y callejera de más de dos personas era considerada delito, aunque se celebrase con fines “honestos”. Los cantares “torpes o deshonestos” fueron terminantemente prohibidos, incluso en privado.

Cualquier canción que denigrase el honor de las personas quedaba sujeta a la consideración de “copla indecente”. Particular atención mereció a las autoridades la tonada “del cundí” que había “lastimado tantos sujetos, créditos y honras”. A cualquier mozo que participase en las cuadrillas le aguardaba una sanción de diez ducados, una cifra alta comparada con las multas establecidas en los Autos de Gobierno anteriores. La misma sanción aguardaba a los padres que consintiesen a sus hijos cantar las coplas. A los que fomentasen las rondas de los mozos se les amenazaba además con la aplicación del Auto Acordado del Consejo de Castilla de cinco de mayo de 1766 y su reducción a “enemigos de la patria y su memoria por infame”.

La pena más grave, la prisión, se reservaba a las mujeres que interpretasen el cundí.

Finalmente, las autoridades amenazaban a quienes criticasen el bando con los castigos reservados a las cuadrillas. (AOH Leg 525)

Los principales destinatarios de las tonadas del cundí fueron los oficios de los cabildos y los miembros de la Iglesia. Algunos eclesiásticos llevaban un modo de vida incompatible con el estado clerical. Sus vicios, impropios de una institución que se presentaba como paradigma de la perfección moral, no podían quedar impunes. El desorden más extendido y escandaloso era el amancebamiento. Algunos curas vivían como si fuesen casados.

No era sin embargo la carne el único pecado. También los había que bebían en exceso, jugaban a los naipes, llevaban armas, traficaban, prestaban dinero y vivían de espaldas a sus obligaciones. Las cuadrillas se convirtieron en el azote de estos comportamientos. Sus miembros eran generalmente rudos hombres de campo que, ebrios de aguardiente, dejaban que desear y eran fácilmente manipulables. Compartían empero la necesidad de cambiar las cosas aunque no alcanzasen a vislumbrar que su lucha contra la sinrazón, menos estética que la de Goya, era igualmente eficaz y destructiva. Por ello las cuadrillas se convirtieron en verdugos sociales que actuaron, sin conmiseración, contra hombres y mujeres “honorables“. Muchos de sus miembros se vieron envueltos por ello en penosos procesos judiciales.

El más conocido fue el que el fiscal eclesiástico abrió a Francisco Caballero Bolaños, cura de Valverde, por vivir con Antonia, su criada, una moza zalameña de treinta años.

Ambos dormían en el mismo cuarto, aunque en camas separadas. Habitualmente salían a pasear los días de fiesta. Habían viajado juntos a Cádiz, Huelva, Manzanilla, La Rábida, Trigueros y aldeas de Valverde. Debido a la oposición de su padre, que comparaba su casa con “una sinagoga”, la sirviente se marchó a Zalamea pero regresó ocho días más tarde. El clérigo salió a recibirla al Pilar y la agasajó con alfajores y bizcochos.

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Las cuadrillas les daban “locajadas” al amanecer y se congregaban en su casa a cantar “las tonadas del cundí”.

Una noche el cura, cansado de sus desmanes, les disparó una perdigonada e hirió a tres mozos. Las autoridades se las vieron y desearon para evitar que quemasen la casa y dictaron un bando prohibiendo, una vez más, las coplas indecentes.

Se han conservado cinco de estas tonadas:

 

El cundí como es tan chulo

Me ha dicho al oído a mí

El vicario no es casado

Pero sí casi sí.

 

El padre vicario quiere

Que no le canten el cundí

Echa a la Antonia de casa

Y así se consigue el fin

 

Un cura trajo a la Antonia

Y otro cura la tomó

Cada cual tenga la suya

Que también la tengo yo

 

El caballo del vicario

Que buena surra merece

Camino de Zalamea

Cayó a la Antonia tres veces

 

Señor padre vicario

Eche Usted la moza fuera

Que el lugar se está abrasando

Y con poquita candela.

 

El cura valverdeño, en un tono culto e ilustrado, rechazó la acusación del fiscal. Durante su confesión, que se produjo en la cárcel de Sevilla, analizó el perjuicio que las coplas ocasionaban “a personas condecoradas de toda condición” y las dificultades con las que tropezaban las autoridades para controlar las cuadrillas. Su confesión fue un alegato del pensamiento ilustrado sobre diversiones populares:

 “En dicha villa ha habido de muchos años a esta parte y se presenta hoy la depravada costumbre de cantar coplas ofensivas a todo género de gentes, sin reserva, ni a los religiosos ni a los propios seculares ni a los justicias y capitulares, ni a las mujeres de honor, sean casadas o doncellas, y ahora con motivo de haber llegado allí una tonadilla que llaman el cundí, que está extendida no sólo por esta ciudad sino principalmente por todos los pueblos y que antiguamente se cantaba, según ha oído decir el confesante, se han excedido aquellos vecinos en tanto desafuero en los expresados cantares indecorosos a la estimación y crédito de todas las gentes que no han tendido forma de contenerlos ni por consejos saludables que les han dado, ni por reprehensiones que han hecho en el púlpito varios predicadores, entre ellos el confesante, ni por repetidos bandos que han publicado los justicias, ni por haber puesto en la cárcel a algunos vecinos por inobediencia.

 Y así es falso que tales coplas se hayan fomentado por el escándalo que se supone dado por el que confiesa pues las mismas o peores cantaban a las demás personas condecoradas de ambos sexos, sin haber dado tampoco motivo para ello, sino por ser propensión de aquellos que naturalmente de este modo satirizan a todos y como ellos son por lo común los que se ejercitan en esto una gente rústica, ociosa y de ninguna crianza y salen por lo común de ellos con más calor … no se paran en lo que cantan ni pueden reflexionar las continuas ofensas que hacen a Dios y los perjuicios que infieren a las personas a los que se dirigen y el uso que tienen en esto es ir de cuadrillas por las calles y se paran donde quieren y se ponen a cantar a las puertas, sea de la calidad que fuere, llevando muchas veces sobre un jumento un pellejo de vino del cual van bebiendo de rato en rato … Los nuevos justicias que han entrado este año han publicado bando muy riguroso prohibiéndolos bajo diferentes penas” (AOH Leg 525).

El largo proceso, más de dos años y más de doscientos folios, tuvo un desenlace inesperado habida cuenta del rigor con el que las autoridades trataban el amancebamiento.

La dialéctica del eclesiástico valverdeño, una acertada defensa, la deserción de algunos testigos del fiscal y los testimonios cualificados de su padre y de los oficios del cabildo, le valieron un pronunciamiento absolutorio y dejaron extendida la sospecha, compartida por el fiscal, de que la acusación había sido inducida por Antonio Ortega, otro cura de la villa, con el que el acusado mantenía abiertas discrepancias.

Había indicios para sospecharlo: Ortega había sido promotor de la actuación del fiscal y nunca había condenado el comportamiento de las cuadrillas. El propio ministerio público lo reconocía: “Nunca ha condenado el vicio, como los demás curas, antes bien ha procurado en cierto modo apoyarlo y defenderlo y los testigos de la sumaria parece que tenían alguna coaligación con él”. (AOH Leg 525)

Necesariamente debemos profundizar en el escrito del fiscal eclesiástico, un alegato de dieciséis folios, una extensión inusual para un trámite que normalmente ocupaba dos o tres, en el que desmontó uno a uno los cargos que pesaban sobre el acusado. Su supuesta “dama” era su prima y por ello lo llamaba, en público y privado, “Frasquito”. Su padre no sólo no la detestaba sino que la había criado como a una hija. Las personas que los habían visto juntos fuera de su casa siempre los habían encontrado en compañía de otras personas y nunca los habían hallado en situación de la que suponer el pecado de la carne.

 Al fiscal, pues, no lo quedaba otra alternativa que pedir su absolución: “Que se absuelva y de por libre al referido vicario, se le conceda licencia para el uso de sus empleos, reservándose su derecho para que use de él como le convenga”. (AOH Leg 525).

La calificación de los hechos no podía pasar por alto el asunto de las coplas. Lo que el fiscal Páez opinaba sobre la cuestión no era diferente de lo que había confesado Caballero Bolaños: “El uso de estos cantares es muy antiguo en Valverde y no se liberan de ellos las personas condecoradas de ambos sexos, ni aun los mismos justicias, y por esta razón padeció mucho el vicario antecesor del actual, sin haber dado causa alguna para ello, sino sólo por motivo del casamiento de una hermana suya … y dos testigos han dicho que desde que tienen uso de razón … han conocido cantarse coplas satíricas e injuriosas … y han oído a diferentes mozuelos cantar con insolencia” (AOH Leg 525).

La actuación de las cuadrillas fue objeto de investigación separada.

 Iniciaban el trámite tres documentos decisivos: Los Autos de Buen Gobierno de 1755, redactados por Montaner y Granado, alcalde y abogado de los Reales Consejos, los Autos de 1773 y el bando al que se ha hecho referencia anteriormente.

Los tres contenían claras advertencias a los mozos para que cesasen en sus excesos: “Que ninguna persona diga ni oiga cantares torpes ni deshonestos, ni eche equívocos provocativos, ni se den cantaleta, ni digan chansoneta, ni sátiras a mujeres, ni las acompañen en las romerías, lavaderos, fuentes … para evitar las graves ofensas que con semejantes motivos se da a la Majestad de Dios y remediar los perjuicios que han experimentado pena de proceder contra los transgresores conforme a lo dispuesto por las leyes de estos Reinos, según las circunstancias del delito” . (AOH Leg 525).

Por incumplimiento de las normas anteriores las autoridades la emprendieron contra los mozos que habían cantado las tonadas en la puerta de Caballero. De hecho fueron encarcelados al día siguiente, situación en la que aún permanecían cuando prestaron declaración ante el instructor del expediente.

Las manifestaciones del herrero Manuel Arroyo y de Antonio Prieto constituyen un testimonio de primera mano para la reconstrucción de los sucesos. La tarde de autos, acompañados de Vizcaíno y García Simón, después de beber en abundancia en la taberna de Ceferino, se sentaron en la Cruz de la calle La Fuente, cerca de la casa del cura, y entonaron el cundí, resultando heridos por los “granazos” de un tiro que atribuyeron al cura.

No fue el único proceso abierto a las cuadrillas. Una nota puesta al término del expediente reseñaba la condena de Pedro García Blanco y Antonio de Lorca por desobediencia a los Autos.

(*) De “Coplas, bailes y fandangos en los confines de Andalucia 1680-1808”. Juan Francisco Canterla González

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Qué bonito sería…

Por ejemplo, saber volar… 

Sería bonito, es bonito, ¡ son bonitas tantas cosas! . Nos empeñamos en mirarnos al ombligo, nos paramos a ver sin querer entender.

En estos días de descanso, de cambio de ritmo y… ¡ de tanta calor !, removiendo archivos me he encontrado con la grabación de una actuación de la que fue la primera hornada de “Triunfitos”, aquella excelente cosecha del 2002 de Operación Triunfo, la de Rosa López, Nuria, Chenoa, Bisbal, Bustamante, etc. etc. .Se trata del programa nº 9 en el que todos, ellas y ellos cantan con Rosario Flores, sintesis de la raza y esencia del arte de “los González Flores” ,  Sirena imponente, consecuencia de la fusión entre Faraona y Pescailla con Antonio Gonzalez por la femoral. 

Una a una, primero ellas, le van cantando a Rosario para tras, una “puesta en suerte”  central de Rosariyo, pasarle los trastos a ellos… y todos a coro… cantarle ” Qué bonito seria…” .

¡¡ AY, QUÉ BONITO !!

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